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Inmaculada Concepción de María. Hoy 8 de diciembre es el aniversario para recordar esta memorable fecha en el mundo cristiano.

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02/05/2012 00:44

Yo, que soy la luz, he venido para que el que crea no permanezca en tinieblas

La humildad con la cual Cristo "se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo" (Flp. 2,7) es para nosotros luz. Luz para que no aceptemos la gloria del mundo, Él, que prefirió nacer en un establo más que en un palacio y sufrir una muerte vergonzosa sobre una cruz. Gracias a esta humildad podemos saber cuán detestable es el pecado de un ser que ha sido modelado (Gn 2,7), un pobre hombre hecho de la nada, cuando se enorgullece, se vanagloria y no quiere obedecer, mientras que vemos al Dios infinito humillado, despreciado y abandonado de los hombres.
La dulzura con la cual soportó el hambre, la sed, el frío, los insultos, los golpes y las heridas es también para nosotros luz, cuando "como un cordero fue llevado al matadero y como una oveja ante el esquilador no abrió la boca " (
Is 53,7). Gracias a esta dulzura, en efecto, vemos qué inútil es la cólera, lo mismo que la amenaza; aceptemos entonces el sufrimiento y no sirvamos a Cristo por rutina.
Gracias a ella, aprendemos a conocer todo lo que se nos pide: llorar nuestros pecados con sumisión y silencio, y aguantar pacientemente el sufrimiento cuando se presenta. Porque Cristo aguantó sus tormentos con tanta dulzura y paciencia, no por sus pecados, sino por los de otro.
Por tanto, queridos hermanos, reflexionemos sobre todas las virtudes que Cristo nos enseñó en su vida ejemplar y que nos recomienda en sus exhortaciones y que nos da la fuerza para imitarlas con la ayuda de su gracia.

01/05/2012 01:58

«El Padre y yo, somos uno»

 

Enviado y salido del Padre, el Verbo descendió

y habitó por completo en las entrañas de la Virgen.

Estaba plenamente en el Padre,

y por entero estaba en este pecho virginal,

y entero en todo, él, que nada puede contener...

 

Permaneciendo inmutable, tomó la forma de esclavo (Flp. 2,7)

y después de haber sido dado a luz, se hizo un hombre totalmente...

¿Cómo afirmar lo que es imposible explicar

a todos los ángeles, a los arcángeles y a todo ser creado ?

Pensamos en ello de manera verdadera,

pero no podemos en absoluto expresarlo,

y nuestro espíritu no puede comprenderlo verdadera y perfectamente.

 

¿Cómo, pues, Dios y hombre, y hombre - Dios

es también el Hijo del Padre, por  entero,

de manera que no se separan;

cómo llegó a ser  hijo de la Virgen y vino al mundo;

y cómo es imposible ser contenido por  todos?...

Ahora permanecerás en silencio

porque aunque quisieras hablar, 

tu espíritu no encontrará palabra,

y tu lengua habladora permanecerá silenciada...

 

Gloria a tí, Padre, Hijo y Espíritu Santo

divinidad no indivisa en su naturaleza.

Te adoramos en el Espíritu Santo,

nosotros que poseemos tu espíritu, porque lo hemos recibido de ti.

Y, viendo tu gloria, nosotros no buscamos indiscriminadamente,

sino que es en Él, tu Espíritu, en el que te vemos,

Padre no engendrado, y en tu Verbo engendrado que sale de ti.

Y adoramos la Trinidad indivisible y sin mezcla

en su única divinidad, soberanía y potencia.

29/04/2012 23:52

«A sus ovejas las llama por su nombre»

"Yo soy la puerta de las ovejas": nuestro Señor dice que es la puerta del aprisco. ¿Qué es, pues, este aprisco, este cercado, del cual Cristo es la puerta? Es el corazón del Padre en el cual y del cual Cristo es verdaderamente una puerta digna de amor, él que nos deselló y abrió el corazón hasta entonces cerrado a todos los hombres. En este rebaño, se reúnen todos los santos. El pastor es el Verbo eterno; la puerta es la humanidad de Cristo; por las ovejas de esta casa, entendemos las almas humanas, pero los ángeles también pertenecen a este rebaño...; el portero, es el Espíritu santo, porque toda verdad comprendida y expresada viene de él...
¡Con qué amor y qué bondad, nos abre la puerta del corazón del Padre y nos da sin cesar acceso al tesoro escondido, a las moradas secretas y a la riqueza de esta casa! Nadie puede imaginar y comprender cuán acogedor es Dios, presto para recibir, deseoso, teniendo sed de hacerlo, y cómo va delante nuestro en cada instante y a cada hora... Oh hijos míos, como permanecer obstinadamente sordo a esta amorosa invitación...: no le neguemos tan a menudo acudir esta invitación. Cuántas invitaciones y llamadas del Espíritu santo son rechazadas; ¡nos negamos, a causa de todo tipo de cosas de aquí abajo! Queremos tan a menudo otra cosa y no este lugar, en donde Dios quiere tenernos.

29/04/2012 02:10

«Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen»

Miremos a nuestro pastor, Cristo... Se regocija con las ovejas que están cercanas a él y va en busca de las extraviadas. No teme montes y bosques; recorre barrancos hasta llegar a la oveja perdida. Y aunque la encuentre en estado lastimoso, no se encoleriza, sino llevado por la compasión, la toma sobre sus hombros y, de su propio cansancio, cura la oveja cansada (Lc 15,4s)... Con razón Cristo proclama: "Yo soy el Buen Pastor, busco la oveja perdida, recupero a la extraviada, vendo a la que está herida, curo a la que está enferma» (Ez 34,16). He visto al rebaño de los hombres agobiado por la enfermedad; he visto a mis corderos descender al lugar de los demonios; he visto a mi rebaño despedazado por los lobos.
He visto ésto y no lo he visto desde lo alto. Por eso tomé la mano desecada, atrapada por el mal, como por un lobo; desaté aquello que la fiebre había atado; hice ver a aquellos, cuyos ojos permanecieron cerrados desde el seno de su madre; saqué a Lázaro de la tumba, donde yacía desde hacía cuatro días (
Mc 3,5; 1,31; Jn 9; 11). «Porque soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por sus ovejas "... Los profetas conocieron a este pastor, ya que antes de su Pasión, anunciaban lo que iba a venir: "Como cordero, llevado al matadero; como oveja ante el esquilador, no abría la boca" (Is 53,7). Como una oveja, el pastor ofreció su garganta por sus ovejas... Por su muerte, remedia a la muerte; por su tumba, vacía las tumbas...
Las tumbas son pesadas y la prisión está cerrada, mientras el pastor, desciende de la cruz, no viene para llevar a sus ovejas apresadas la alegre noticia de su liberación. Lo vemos en los infiernos donde da la orden de liberación (
1P 3,19); lo vemos llamar de nuevo a sus ovejas, llamarlas por su nombre y llevarlas de la estancia de los muertos a la vida. "El buen pastor da su vida por sus ovejas". Así es como se propone ganar el afecto de sus ovejas, y a las que saben oír su voz las ama Cristo.

28/04/2012 00:03

«Mis palabras son espíritu y vida»

"Tomad y comed, dice Jesús, esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros" (cf 1Co 11,24). ¿Por qué los discípulos no se turbaron al oír estas palabras? Porque Cristo ya les había dicho muchas grandes cosas al respecto (Jn 6)... Confiemos, también nosotros, plenamente en Dios. No le hagamos objeciones, aunque lo que diga parezca contrario a nuestros razonamientos y contrario a lo que vemos. Que su palabra sea la principal guía de nuestra razón y de nuestra vista. Tengamos esta actitud frente a los misterios sagrados: no veamos solamente lo que está bajo nuestros sentidos, sino que tengamos en cuenta sobre todo las palabras del Señor.
Su palabra no puede engañarnos, mientras que nuestros sentidos nos engañan fácilmente; ésta jamás es cogida en falta, en cambio ellos faltan muy a menudo. Cuando el Verbo dice: "Esto es mi cuerpo", fiémonos de él, creamos y contemplémosle con los ojos del espíritu...
Cuánta gente dice hoy: "Querría ver a Cristo en persona, su cara, sus vestidos, sus zapatos". ¡Pues bien, en la eucaristía es a él al qué ves, al que tocas, al que recibes! Deseabas ver sus vestidos; y es él mismo el que se te da no sólo para verle, sino para tocarlo, comerlo, acogerlo en tu corazón. Por tanto, que nadie se acerque con indiferencia o dejadez; ya que todos van a él, animados por un amor ardiente.

27/04/2012 00:16

«El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él»

Jesús nos habla con ternura cuando se ofrece a los suyos en la santa comunión: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". ¿Qué más podría darme, mi Jesús, además que su carne en alimento? No, Dios no podría hacer más, ni mostrarme un amor más grande.
La santa comunión, como la palabra misma implica, es la unión íntima de Jesús con nuestra alma y nuestro cuerpo. Si queremos tener la vida y poseerla abundantemente, debemos vivir de la carne de nuestro Señor. Los santos lo comprendieron tan bien, que podían pasar horas preparándose y más todavía en acción de gracias. ¿Quién podría explicar esto? "¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus juicios, exclamaba Pablo, qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? "(
Rm 11,33-34).
Cuando acogéis a Cristo en vuestro corazón después de partir el Pan Vivo, acordaos de lo que Nuestra Señora debió sentir mientras el Espíritu Santo la envolvía con su sombra y Ella, que estaba llena de gracia, recibió el cuerpo de Cristo (
Lc 1, 26s). El Espíritu estaba tan fuerte en Ella que inmediatamente "se levantó de prisa" (v. 39) para ir y servir.

25/04/2012 23:49

«Este es el pan, que ha bajado del cielo, el que lo coma no morirá "

Pues, visto el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable
adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y
en el de sus hermanos, pidió esta petición: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor. Por ser nosotros tales y tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez, sino cada día, que aquí se debía de determinar de quedarse con nosotros...
He mirado yo cómo en esta petición sola duplica las palabras,
porque dice primero y pide que le deis este pan cada día, y torna a
decir dádnoslo hoy, Señor. Pone también delante a su Padre. Es como
decirle que ya una vez nos le dio para que muriese por nosotros, que ya
nuestro es; que no nos le torne a quitar hasta que se acabe el mundo; que le deje servir cada día. Pues en esta petición, de cada día parece que «para siempre».
Estando yo pensando por qué, después de haber dicho el Señor: cada
día, tornó a decir: dánoslo hoy, ser nuestro cada día, me parece a mí,
porque acá le poseemos en la tierra y le poseeremos también en el cielo, si nos aprovechamos bien de su compañía; El decir hoy me parece es para un día, que es mientras durare el mundo, no más. ¡Y bien un día!
Y así le dice su Hijo que, pues no es más de un día, se le
deje ya pasar en servidumbre; que pues Su Majestad ya nos le dio y
envió al mundo por sola su voluntad, que Él quiere ahora por la suya
propia no desampararnos, sino estarse aquí con nosotros para más
gloria de sus amigos y pena de sus enemigos. Que no pide más de hoy,
ahora nuevamente; que el habernos dado este pan sacratísimo para
siempre, cierto lo tenemos. Su Majestad nos le dio, como he dicho, este
mantenimiento y maná de la Humanidad, que le hallamos como queremos, y que, si no es por nuestra culpa, no moriremos de hambre.

25/04/2012 00:14

«Id al mundo entero. Proclamad la Buena Noticia a toda la creación»

"Robusteced las manos débiles y fortaleced las rodillas vacilantes " (Hb 12,12; Is 35,3)... Llevado por Bernabé y Pablo en su primer viaje apostólico, san Marcos les abandonó rápidamente para volver a Jerusalén (Hch. 15,38). A continuación, fue ayudante de san Pedro en Roma (1P 5,13). Es aquí dónde compuso su evangelio, principalmente después de encontrarse con este apóstol. Después, fue enviado por Pedro a Alejandría en Egipto, donde fundó una Iglesia, una de las más estrictas y de las más poderosas de estos tiempos de los principios... El que abandonó la causa del Evangelio frente a los primeros peligros, se mostró más tarde a un servidor muy resuelto y fiel a Dios, y el instrumento de este cambio parece ser que fue san Pedro, que supo restablecer admirablemente a este discípulo tímido y cobarde.
Se nos da una lección a través de esta historia: por la gracia de Dios, el más débil, puede llegar a ser fuerte. Pues, no hay que poner la confianza en nosotros mismos, ni jamás despreciar a un hermano que da pruebas de debilidad, ni jamás desesperar de nadie, sino llevar su carga (Ga 6,2) y ayudarle a ir adelante...
La historia de Moisés nos muestra el ejemplo de un temperamento orgulloso e impetuoso, que el Espíritu amaestró hasta el punto de hacerlo un hombre de dulzura excepcional...:" El hombre más humilde que ha habido jamás en la tierra " (Núm. 12,3)... La historia de Marcos demuestra un caso de cambio todavía más raro: el paso de la timidez a la insolencia... Admiremos pues, en el caso de san Marcos, una transformación más asombrosa que la de Moisés: "Gracias a la fe, de débil que era, se volvió vigoroso" (cf He 11,34).

23/04/2012 23:53

«Es mi Padre quien es da el verdadero pan del cielo»

 

Para los hebreos, separaste en dos el mar a la vista de todos (Ex 14);

y para mí, tinieblas espesas.

En aquel tiempo te tragaste al Faraón;

y ahora, al Príncipe de este mundo, autor de la muerte (Jn 12,31; 8,44).

Para ellos, fuiste nube protectora durante el día

y de noche, columna de fuego (Ex 13,21).

Para mí mi luz, es el conocimiento de tu Hijo, el Verbo,

y mi protección, es el Espíritu Santo.

 

En aquel tiempo, diste el maná perecedero,

y los que lo comieron murieron;

ahora, es tu cuerpo celeste

que da vida a los que lo comen.

 

Ellos, bebieron el agua que brotaba del peñasco (Ex 17),

y yo he bebido la sangre de tu costado, tú mi Roca (Jn 16,34; Sal. 18,3). Ellos, vieron suspendida la serpiente de bronce (Núm. 21,9),

y yo, te he visto sobre la cruz, tú que eres la vida.

A ellos, les diste la Ley de Moisés,

escrita sobre tablas de piedra;

y a mí, la sabiduría de tu Espíritu,

tu Evangelio divino.

Por eso me será exigido,

en relación al bien, mucho más que lo que se les exigirá a ellos...

Ya que tú llegaste a ser su Expiador,

Oh Señor mío, lleno de piedad, Hijo único del Padre...

 

No me impidas como a la mayoría de ellos

entrar en tu Tierra prometida,

sino que con los que entraron  (Dt 1,36; 31,3),

introdúceme en tu patria celeste.

23/04/2012 00:18

«La voluntad de Dios, es que creáis en aquel que ha enviado»

 

Me inclino delante de ti, Pan de ángeles (Sal. 78,25),

Con fe profunda, esperanza, amor,

y desde lo más profundo de mi alma, te adoro

aunque yo no sea nada.

Me inclino delante de ti, Dios escondido,

Y de todo corazón, te amo.

el velo del misterio no me molesta;

te quiero como los elegidos del cielo.

Me inclino delante de ti, Cordero de Dios,

que borras los pecados de mi alma,

al que recibo en mi corazón, cada mañana,

y me ayudas en mi salvación.

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