
«Creed lo que os digo: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí»
"Yo soy el camino." ¿Por qué? Porque "nadie va al Padre sino es por mí ". " Yo soy la verdad."¿Cómo es esto? Porque nadie conoce al Padre, si no por mí: "nadie conoce al Padre, si no el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27)... "Yo soy la vida ", porque nadie tiene la vida, si no por mí. "Si me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Desde ahora usted lo conocéis y lo habéis visto."
Jesús nos dice: "¿Queréis venir al Padre? ¿Queréis conocerlo? Conocedme primero, a mi al que veis, y así conoceréis después al que todavía no veis. Ya lo habéis visto, pero no a él mismo; lo habéis visto en mí. Lo habéis visto, pero en espíritu y por la fe. Es él quien habla en mí, porque no hablo de mismo. Cuando me escucháis, lo véis; porque, cuando se trata de realidades espirituales, no hay diferencia entre ver y oír: el que oye, ve lo que oye. Así, véis al Padre cuando lo escucháis hablar en mí. Y desde ahora lo conocéis, porque permanece en vosotros, y porque está en vosotros."
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre; y nos basta". Felipe deseaba ver al Padre no sólo en espíritu, por los ojos de la fe, sino también con sus ojos de carne. Moisés, también, había dicho: " Si he encontrado gracia a tus ojos, muéstrame tu rostro para que te conozca" Y el Señor respondió: "Nadie puede verme y quedar con vida" (Ex 33,18-20). Aquí Jesús le dice a Felipe: "¡Tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me conoces!, Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Felipe hablaba de la visión de los sentidos; Cristo lo llama a la visión interior, lo invita a acogerlo con los ojos del alma. "Hace tanto tiempo que estoy con vosotros; hace tanto tiempo que vivo con vosotros; hace tanto tiempo que os he revelado mi divinidad y mi potencia por mis palabras, por los signos y los milagros, y ¿no me conocéis? Felipe, el que me ve, no con sus ojos de carne, como tú crees, sino con los ojos de su corazón, como yo te lo digo, ése ve al Padre."