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Inmaculada Concepción de María. Hoy 8 de diciembre es el aniversario para recordar esta memorable fecha en el mundo cristiano.

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05/09/2012 00:20

«Salió y se retiró al desierto»

De tal maestro como quien nos enseñó esta oración y con tanto amor y deseo que nos aprovechase, nunca Dios quiera que no nos acordemos de El muchas veces cuando decimos la oración, aunque por ser flacos no sean todas. Pues cuanto a lo primero, ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas; que así lo hacía El siempre que oraba, y no por su necesidad, sino por nuestro enseñamiento.

Ya esto dicho se está que no se sufre hablar con Dios y con el mundo, que no es otra cosa estar rezando y escuchando por otra parte lo que están hablando, o pensar en lo que se les ofrece sin más irse a la mano; salvo si no es algunos tiempos que, o de malos humores -en especial si es persona que tiene melancolía- o flaqueza de cabeza, que aunque más lo procura no puede, o que permite Dios días de grandes tempestades en sus siervos para más bien suyo, y aunque se afligen y procuran quietarse, no pueden ni están en lo que dicen, aunque más hagan, ni asienta en nada el entendimiento, sino que parece tiene frenesí, según anda desbaratado. Y en la pena que da a quien lo tiene, verá que no es a culpa suya. Y no se fatigue, que es peor, ni se canse en poner seso a quien por entonces no le tiene, que es su entendimiento, sino rece como pudiere; y aun no rece, sino como enferma procure dar alivio a su alma: entienda en otra obra de virtud. Esto es ya para personas que traen cuidado de sí y tienen entendido no han de hablar a Dios y al mundo junto.

Lo que podemos hacer nosotros es procurar estar a solas, y plega a Dios que baste, como digo, para que entendamos con quién estamos y lo que nos responde el Señor a nuestras peticiones. ¿Pensáis que está callado? Aunque no le oímos, bien habla al corazón cuando le pedimos de corazón.

04/09/2012 00:26

“Tu omnipotente palabra se lanzó desde el cielo, desde el trono real...” (Sap 18,15)

Dios es Espíritu. (Jn 5,24) El que es Espíritu engendra por el Espíritu...por una generación simple e incomprensible. El Hijo mismo dice del Padre: “El Señor me ha dicho: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.” (Sal 2,7) Este hoy no es algo reciente sino eterno. Este hoy no pertenece al tiempo sino que existe desde toda la eternidad. “Desde el seno de la aurora te he engendrado como rocío.” (Sal 109,3). Cree, pues, en Jesucristo, Hijo de Dios vivo, pero Hijo único según la palabra del evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3,16)...Juan da testimonio: “...hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Jn 1,14)

Así, los mismos demonios tiemblan en su presencia, clamando: “¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Hijo de Dios?” (
Mt 8,29) El es, pues, el Hijo de Dios por naturaleza y no por adopción, ya que es engendrado por el Padre... El Padre, Dios verdadero, ha engendrado al Hijo antes de todos los siglos, Dios verdadero... Cristo ha sido engendrado “Palabra viva y eficaz” (Heb 4,12), no simplemente pronunciada por los labios, sino nacida del Padre ante todos los siglos, por generación inefable... Palabra que contiene la voluntad del Padre y produce toda cosa según su orden...Palabra llena de autoridad que gobierna todo, porque “el Padre le había entregado todo.” (Jn 13,3)

03/09/2012 00:41

«¿No es éste el hijo de José?»

Me parece que han llegado al más alto grado los que, de todo corazón y sin fingimiento, los que se han dominado suficientemente para no buscar otra cosa que ser despreciados, no ser tenidos en cuenta para nada y vivir en el anonadamiento... Vosotros, mientras no hayáis llegado hasta aquí, pensad que no habéis hecho nada. En efecto, puesto que verdaderamente todos nosotros somos “servidores inútiles”, según la palabra del Señor (Lc 17,10), y eso aunque hagamos bien todas las cosas, mientras no lleguemos a este grado de anonadamiento, no estaremos en la verdad, sino que estaremos y caminaremos en la vanidad...

Sabes muy bien cómo el Señor Jesús empezó por hacer antes que en enseñar. Más adelante diría: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (
Mt 11,29). Y eso quiso primero, practicarlo él realmente, sin ficción. Lo hizo de todo corazón, igual que de todo corazón y en verdad era humilde y manso. En él no había simulación (cf 2C 1,19). Se adentró tan profundamente en la humildad y el menosprecio y la abyección, de tal manera se anonadó a los ojos de todos que, cuando se puso a predicar y anunciar las maravillas de Dios y hacer milagros y cosas admirables, no era estimado sino que se le desdeñó y se burlaban de él diciendo: “¿No es éste el hijo del carpintero?” y otras frases semejantes. Es así como se verificó la frase que después diría el apóstol Pablo: “Se anonadó a si mismo tomando la condición de esclavo” (Flp 2,7), no sólo como un servidor ordinario por la encarnación, sino la de un servidor cualquiera a través de una vida humilde y despreciable.

02/09/2012 04:21

"En el interior del corazón del hombre": ¿El corazón de cada hombre, fuente de paz o de guerra?

Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra... Lo cual hoy exige de ellos con toda certeza que amplíen su mente más allá de las fronteras de la propia nación, renuncien al egoísmo nacional ya a la ambición de dominar a otras naciones, alimenten un profundo respeto por toda la humanidad, que corre ya, aunque tan laboriosamente, hacia su mayor unidad... Sin embargo, hay que evitar el confiarse sólo en los conatos de unos pocos, sin preocuparse de la reforma en la propia mentalidad. Pues los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y al mismo tiempo promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y de los sentimientos de las multitudes.

Nada les aprovecha trabajar en la construcción de la paz mientras los sentimientos de hostilidad, de menos precio y de desconfianza, los odios raciales y las ideologías obstinadas, dividen a los hombres y los enfrentan entre sí. Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública. Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que todos juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.

01/09/2012 05:02

Hacer fructificar los dones recibidos

La parábola de los talentos concierne a todos los hombres que, en lugar de ayudar a sus hermanos con sus bienes, sus consejos o cualquier otro medio, viven sólo para sí mismos... En esta parábola, Jesús quiere revelarnos la enorme paciencia de nuestro Señor, pero, a mi parecer, también se refiere a la resurrección en general... En primer lugar los servidores que dan cuenta de su gestión reconocen sin rodeos lo que es el don de su dueño y lo que es fruto de su gestión. El primero dice: " Señor, me confiaste cinco talentos ", y el segundo: " Señor, me confiaste dos talentos "; reconocen así, que por la bondad de su dueño tienen el capital que hicieron valer a su provecho.

Su reconocimiento llega tan lejos que atribuyen todo el mérito y toda gloria de su éxito a la confianza en su dueño. ¿Qué responde entonces el Señor? "Muy bien, siervo bueno y fiel." ¿No es realmente bueno esforzarse en hacer bien a los hermanos?... "Entra en el gozo de tu Señor ": se trata de la bienaventuranza de la vida eterna.

Pero no ocurre lo mismo con el servidor malvado... ¿Cuál es pues la respuesta del dueño? "siervo malo y perezoso, debías haber invertido mi dinero el banco", es decir que debías haber hablado, exhortado y aconsejado a tus hermanos. "Pero, este replica, la gente no me escuchaba". A lo que el Señor responde: "Este no es tu asunto... Por lo menos, habrías podido poner el dinero en el banco y yo a mi regreso lo habría recogido con los intereses". Estos intereses son las buenas obras que proceden de la escucha de la Palabra que debemos predicar. "Tenías que hacer solamente la parte más fácil del trabajo y a mi dejarme la más difícil"... Ante esto ¿qué decir? Al que recibe para bien de otros la gracia de la palabra y de la enseñanza y no hace uso de ella, se le quitará incluso esta gracia. Pero al que utilice la gracia que recibió, con celo y sabiduría, recibirá una gracia más abundante todavía.

31/08/2012 00:20

“Vigilad, porque no sabéis el día ni la hora”

Para atajar toda pregunta de sus discípulos sobre el momento de su venida, Cristo dijo: “Esa hora nadie la sabe, ni los ángeles ni el Hijo.
No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas”(
Mt 24,36; Ac 1,7). Quiso ocultarnos esto para que permanezcamos en vela y para que cada uno de nosotros pueda pensar que ese acontecimiento se producirá durante su vida...

Velad, pues cuando el cuerpo duerme, es la naturaleza quien nos domina; y nuestra actividad entonces no está dirigida por la voluntad, sino por los impulsos de la naturaleza. Y cuando reina sobre el alma un pesado sopor –por ejemplo, la pusilanimidad o la melancolía–, es el enemigo quien domina al alma y la conduce contra su propio gusto... Por eso ha hablado nuestro Señor de la vigilancia del alma y del cuerpo, para que el cuerpo no caiga en un pesado sopor ni el alma en el entorpecimiento y el temor, como dice la Escritura: “Sacudíos la modorra, como es razón” (
1Co 15,34); y también: “Me he levantado y estoy contigo” (Sal. 138,18); y todavía: “No os acobardéis” (cf Ef. 3,13)...

"Cinco de ellas, dice el Señor, eran insensatas y cinco eran prudentes". No es su virginidad lo que cualificó su sabiduría, ya que eran todas vírgenes, sino sus buenas obras. Si tu castidad iguala la santidad de los ángeles, observa que la santidad de los ángeles no tiene envidia y ni otro mal. Así pues, si no te reprenden por la impureza, vigila que no lo seas tampoco por la ira y la cólera... “Que vuestros cinturones estén ajustados a la cintura", para que la castidad nos alivie. "Y vuestras lámparas encendidas" (
Lc 12,35), porque el mundo, que está sumergido en la noche, necesita la luz de los justos. "Que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5,16).

29/08/2012 21:10

“Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14)

¡Cuán dichosos son los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentra en vela! Feliz aquella vigilia en la cual se espera al mismo Dios y Creador del universo, que todo lo llena y todo lo supera.

¡Ojalá se dignara el Señor despertarme del sueño de mi desidia, a mí, que, aun siendo vil, soy su siervo! ¡Ojalá me inflamara en el deseo de su amor inconmensurable y me encendiera con el fuego de su divina caridad!; resplandeciente con ella, brillaría más que los astros, y todo mi interior ardería continuamente con este divino fuego.
¡Ojalá mis méritos fueran tan abundantes que mi lámpara ardiera sin
cesar, durante la noche, en el templo de mi Señor e iluminara a cuantos
penetran en la casa de mi Dios! (
cf Mt 5,15) Concédeme, Señor, te lo suplico en nombre de Jesucristo, tu Hijo y mi Dios, un amor que nunca mengüe, para que con él brille siempre mi lámpara y no se apague nunca, y sus llamas sean para mí fuego ardiente y para los demás luz brillante.

28/08/2012 23:54

“A ti niño, te llamarán profeta del Altísimo” (Lc 1,76)

Entre los títulos de gloria del santo y bienaventurado Juan Bautista, celebramos hoy su fiesta, no sé a cuál de ellas darle preferencia: ¿a su nacimiento milagroso o a su muerte más milagrosa todavía? Su nacimiento aportó una profecía (Lc 1,67s), su muerte la verdad; Su nacimiento anunció la llegada del Salvador, su muerte condenó el incesto de Herodes. Este hombre santo... mereció a los ojos de Dios, no desaparecer de la misma manera que otros hombres de este mundo: dejó este cuerpo recibido del Señor, confesándolo. Juan cumplió en todo la voluntad de Dios, ya que su vida y su muerte corresponden a sus designios...

Todavía está en el vientre de su madre cuando ya celebra la llegada del Señor, por sus movimientos de alegría, ya que no podía hacerlo con su voz. Isabel le dice a María: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre" (
Lc 1,44). Juan exulta pues, antes de nacer, y antes de que sus ojos no reconozcan al que se presenta al mundo, su espíritu reconoce al que es el Maestro. Pienso que este es el sentido de la frase del profeta: "Antes de formarte en el vientre materno, te conocí; antes de que salieras del seno materno, te consagré" (Jr 1,5). No nos asombremos pues, si encerrado en la prisión por mandato de Herodes, continuó predicando a Cristo a través de sus discípulos (Mt 11,2), ya que, encerrado en el seno de su madre, ya anunciaba, por sus estremecimientos la llegada del Señor.

27/08/2012 22:29

“Purifica primero el interior de tu alma”

La confesión de los pecados (acusación), incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Por la confesión, el hombre se enfrenta a los pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro. La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la Penitencia... “Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido... Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora" (Concilio de Trento: DS 1680; cf San Jerónimo, Commentarius in Ecclesiasten 10, 11).

Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez la año, fielmente sus pecados graves"... Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (
cf Concilio de Trento: DS 1680; CIC 988, §2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6,36)... “Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas... Practicas la verdad y vienes a la luz” (San Agustín; Jn 12, 13).

26/08/2012 23:41

Desgraciados, guías ciegos

Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. No pocas de éstas provienen de las excesivas desigualdades económicas y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos más profundos, brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y demás pasiones egoístas. Como el hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, éstas hacen que, aun sin haber guerras, el mundo esté plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, además, existen los mismos males en las relaciones internacionales, es totalmente necesario que, para vencer y prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y más firmemente y se estimule sin descanso la creación de organismos que promuevan la paz.

La Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de hoy, no cesa de esperar firmemente. A nuestra época, una y otra vez, oportuna e importunamente, quiere proponer el mensaje apostólico: “Este es el tiempo aceptable para que cambien los corazones, éste es el día de la salvación” (
2Co 6,2).

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