05/09/2008 17:57
| La luna llena iluminaba la calle desierta. Desde el coche podía ver toda la calle hasta la esquina con la Avenida Mayor, pero los ojos de la mujer se centraban en una pequeña puerta metálica en la parte trasera del edificio más grande de la ciudad. Se prometió que después de aquella noche dejaría de fumar. Por fin se abrió la puerta y apareció Rizzi, hermosa como siempre, con sus alegres andares y su aura de buena persona. Quizá por eso era la elegida. Se bajó del coche y siguió a Rizzi a pocos pasos de distancia, le gustaba verla andar... ¡cuántas diferencias había entre ellas¡ Tuvo que acelerar el paso para que a su víctima no le diera tiempo de alcanzar la avenida, la abrazó por detrás tapándole la boca con una mano mientras con la otra le inyectaba una gran dosis de hipnóticos directamente en la carótida. El cuerpo de Rizzi quedó fláccido entre sus brazos en un segundo y la transportó fuertemente abrazada hasta el coche. Lo primero que sintió Rizzi fue un mareo horrible, notaba el estómago del revés, y pudo saber por qué cuando abrió los ojos. Estaba cabeza abajo, y le dolía terriblemente el cuerpo. Intentó forcejear, pero no pudo, el dolor se lo impedía. Cuando miró hacia su propio cuerpo pudo descubrir que estaba desnuda, amordazada y crucificada boca abajo. Frente a ella, en un sofá, la miraba una pareja. - Tienes una mente brillante Lalena, casi podría decir que me has superado.- Gazmetan acariciaba la cabeza de Lalena, apoyada en su regazo. - Tengo un buen maestro. - ¿Que quieres que hagamos con ella? – Gazmetan estaba ansioso por descubrir todo el potencial de aquella perversa mente de mujer. En su primera aparición había conseguido sorprenderle, pero tenía que demostrar aún de qué pasta estaba hecha. - Debería ahogarse en su propia sangre. -Gazmetan sintió algo nuevo, como un escalofrío que le llenaba el cuerpo ¿Sería aquello lo que llamaban “sentimiento”? En cualquier caso, podría llegar a sentirse orgulloso de ella. – Hazlo con mi daga. Gazmetan cogió el arma que Lalena le tendía y se acercó al cuerpo de Rizzi, que intentaba gritar. - Si me prometes no gritar te quito la mordaza. ¿Gritarás Rizzi? – Gaz se acercaba demasiado a ella para hablarle, podían olerse mutuamente, la ansiedad que emanaba de sus cuerpos. Conteniendo el llanto, la chica negó con la cabeza y Gazmetan le quitó la mordaza. Se estaba recreando con su cuerpo. La acarició despacio dibujando una línea desde su ombligo hasta la boca y le acarició el cuello con la punta de la daga. Gazmetan miró a Lalena durante un par de segundos antes de realizar un corte en la pierna de Rizzi, buscando una mayor espectacularidad. Aún en el sofá, Lalena ya se había dado cuenta de la admiración que despertaba en Gazmetan y se sentía satisfecha de su actuación. Rizzi gritó, pero Gazmetan le tapó la boca con su mano, y se quedó observando cómo la sangre recorría el cuerpo de aquella infeliz. Desde la parte interna de sus muslos el reguero de sangre hizo un arco precioso hasta alcanzar el cuello, pero para entonces Rizzi había perdido la conciencia, y su cabeza caía flácida en un extraño escorzo. La sangre alcanzó sus labios y su nariz y empezó a dificultar su respiración. Gazmetan estaba extasiado, tanta belleza y dolor en una misma habitación... Sus aspiraciones colmadas aquella noche. - Ven y túmbate debajo para que puedas sentir el último calor de su sangre... – pero aquello que Gazmetan le pedía era imposible. Lalena tardó una milésima de segundo en salir del atolladero sin perder el respeto conseguido con tanto esfuerzo. - Tengo una idea mejor.- y se levantó del sofá desapareciendo por la puerta. Gazmetan pensó que había encontrado la imperfección que buscaba en Lalena, pero decidió ocuparse después, una vez hubiera saboreado todo el placer que aquella escena le proporcionaba. Ya se encargaría de enseñarle a Lalena que no había ideas mejores que las suyas; en cuanto Rizzi estuviera completamente muerta... - Bebamos su sangre.- Qué equivocado estaba. Lalena se había acercado silenciosamente a él, absorto con la muerte, y estaba llenando un par de copas en la cascada de sangre que Rizzi les ofrecía. La miró a los ojos y casi sintió miedo de aquella mujer. Extasiados por la culminación de su obra y acompañados por los últimos resuellos de Rizzi, se sentaron en el sofá frente a frente. Gazmetan dio un sorbo a su copa, sintiendo el calor que ya se iba para dejar sólo muerte. - Definitivamente, me has impresionado. Creo que de aquí en adelante seremos grandes... juntos. Lalena no dejaba de mirarle a los ojos, quería dominarle con la mirada, y lo estaba consiguiendo. Ni la muerte de una hermosa mujer podía arrebatárselo en aquel momento. - Si he de serte sincera, éste no va a ser mi último asesinato. Pero no lo haré contigo nunca más.- Gazmetan tragó compulsivamente el vino para poder soltar una carcajada. - ¿Crees que podrías hacerlo sin mí? Antes de conocerme no eras nadie. Brillas porque estás junto a mi. Entonces Lalena observó el primer síntoma: Gaz sudaba profusamente. Él también se dio cuenta y se pasó la mano por la frente y el cuello,sorprendido, y pareció comprender al instante. - ¿Has sido capaz de envenenarme? – su voz dejaba ver el miedo que sentía, quizás por primera vez en la vida. - Lo sorprendente no es que haya sido capaz de envenenarte, sino que no lo hubieras pensado antes de coger esa copa. ¿Acaso no sabes que es el arma más utilizada por las mujeres para matar? – Para cuando terminó la frase Gazmetan no podía moverse del sofá, estaba empapado en sudor y luchaba para respirar. Sus músculos no respondían y el corazón parecía querer estallar. Lalena se puso de pie. – Sé que nunca conseguiré que seas mío del todo, eres un psicópata, no estableces relaciones afectivas, y si no le haces conmigo, no harás nada más en tu vida. Gazmetan luchaba por respirar, ahora sabía lo que sentían sus víctimas, se estaba excitando incluso, pero no podía apartar la mirada de Lalena. La amaba y odiaba al mismo tiempo. El corazón latía demasiado deprisa. ¿Qué había utilizado para matarle? Murió con la duda. Tras asegurarse de que estaba muerto recogió la daga de donde Gazmetan la había abandonado. Limpió la sangre de Rizzi y la miró con pena, ella había sido un mero títere en todo aquello.. Después se acercó al cuerpo de Gazmetan y hundió el arma en su corazón. - Ahora tienes una buena razón para que no te funcione.
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