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20/10/2012 22:14
Gracias Queen, me alegra que hayas indagado, yo también he buscado a la cantante peruana que no conocía y me ha dejado gratamente sorprendida por su maravillosa voz, lástima que las grabaciones que existen dejan mucho que desear, aún así su torrente de voz se impone.
Espero que disfruteis de la pelicula, os pongo otra secuencia.

Saludos para ti y tu madre.
20/10/2012 20:43

Lou Andreas:


Impactante tu  ilustración; buscaré la película en el blockbuster pues mi madre quedó gratamente impresionada, le ha llamdo tanto la atención sobre lo que ella creía un mito "los castrados".


Me cuenta que hay una peruana que llegaba a la octava nota y sostenida, la peruana Ima Súmac y la extraordinarian Mariah Carey.


Son historias interesantes que nos muestran mitos, leyendas, realidades y arte .

Así que, Domingo luego del almuerzo tendremos una tarde familiar viendo  "Farinelli il castrati"

20/10/2012 15:24

Farinelli el castrado

Nació en el seno de una familia de la baja. Fue castrado cuando era un niño para preservar su voz de soprano en la edad adulta, aunque también se baraja que su castración fuese una necesidad médica después de sufrir un accidente con un caballo. De muchos niños se decía que eran castrados por razones médicas para evitar represalias, ya que la castración estaba penalizada (las autoridades de la época solían hacer la vista gorda y no perseguían los casos de castración).

Lo común era que sus familias los llevaran a la operación con el convencimiento de que sus hijos podrían convertirse en grandes cantantes. Muchos de los niños provenían de familias pobres de los áridos campos de Nápoles donde la esperanza de vida no llegaba más allá de los 30 años. Si el niño tenía dotes para el canto alcanzaría el reconocimiento; en cambio, si las aptitudes vocales no llegaban al límite exigido ante tanta oferta, se ordenaba sacerdote, acabando así en los coros de las iglesias.

Siguiendo la tradición de quienes le precedieron, Farinelli fue enviado a un conservatorio, lugar reservado para el entrenamiento de los castrati. En estos lugares se daba amplio entrenamiento de voz a los niños, lecciones acerca de composición y también les daban la oportunidad de improvisar; de ahí los informes de que Farinelli daba toques personales a las piezas ya compuestas que se le daban para cantar, para la delicia de su público. Carlo Broschi eligió el seudónimo Farinelli en agradecimiento a los hermanos Farina, mecenas que pagaron muchos años sus estudios y su manutención.

Bajo la instrucción de Nicola Pórpora, Farinelli adquirió una voz de maravillosa belleza. Se hizo famoso en el sur de Italia como il ragazzo («el muchacho»). Su primera actuación en un lugar público fue en 1720, con la Angelica e Medoro, de Porpora. En 1722 realizó su primera aparición en Roma, con Eumene, de su maestro, despertando un gran entusiasmo al superar a un popular trompetista alemán, a quien Porpora había compuesto un obligado para una de las canciones del joven; al sostener y aumentar una nota de prodigiosa longitud, pureza y poder, y en las variaciones y gorjeos que lanzó al aire. En las óperas, regularmente cantaba papeles de mujer, como por ejemplo, Adelaida, en Adelaide, de Porpora.

Farinelli tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica, luminosa y bien modulada, con un rango en ese momento desde La debajo de Do medio a Re tres octavas por encima de Do medio... Su entonación era pura, su vibración maravillosa, su control de la respiración extraordinario y su garganta muy ágil, por lo que cantó los intervalos más amplios rápidamente y con la mayor de las facilidades y seguridad. Los pasajes de la obra y todo tipo de melismas no representaron dificultades para él. En la invención de ornamentación libre en el adagio fue muy fértil.
En España

Tras pasar tres años en Inglaterra, Farinelli partió para España, quedándose antes algunos meses en Francia, donde cantó ante Luis XV. En España, donde sólo tenía planeado quedarse unos meses, terminó viviendo casi 25 años. Su voz, empleada por la reina para curar al Rey Felipe V, el primer Borbón, de su depresión melancólica, le ganó tanta influencia con Felipe V que éste no sólo acabaría dándole poder, sino el nombre oficial, de primer ministro. Farinelli era lo suficientemente sabio y modesto para usar ese poder discretamente. Estaba secretamente enamorado de una chica de la nobleza, de la cual no se sabe el nombre completo, solo sus iniciales: S.I.L.

Durante dos décadas, noche tras noche, a Farinelli se le pedía que cantara las mismas canciones al rey. Farinelli fue nombrado director de teatros en Madrid y Aranjuez, y la mayoría de las obras que montó tenían textos de Pietro Metastasio. Se le otorgó el rango de caballero en 1750 y se le condecoró con la Cruz de Calatrava. Utilizó su poder en la corte para persuadir a Fernando VI que estableciera la ópera italiana. También colaboró con Domenico Scarlatti un compañero napolitano que vivía en España. Después del ascenso de Carlos III, Farinelli se retiró a Bolonia con la fortuna que amasó, y allí pasó el resto de sus días con Metastasio falleciendo pocos meses después que él. Su patrimonio incluía regalos de la realeza y valiosos instrumentos musicales, como unviolín Stradivarius, y un clave, construido por Diego Fernández, que le regaló Bárbara de Braganza, y que él bautizo como Correggio.

Farinelli no sólo cantó, sino que también tocó instrumentos musicales con teclado y la viola d´amore. Ocasionalmente compuso, escribió el texto y la música de un adiós a Londres y un aria para Fernando VI, así como sonatas en órganos.

(Recreación con la escala de su voz, en la pelicula "Farinelli il castrati")

13/10/2012 12:32
       

GEORGES PEREC

La vida de Perec fue corta e intensa. Murió en 1982 con tan solo 46 años. Toda su obra está plagada de referencias biográficas latentes. Hijo de judíos polacos emigrados a Francia, su padre muere luchando contra los alemanes al comienzo de la II Guerra Mundial. Su madre es detenida y enviada a Auschwitz, donde también fallece, al igual que sus abuelos. Con tan sólo seis años Perec se queda huérfano y consciente de que debe ocultar sus orígenes judíos para sobrevivir. "La relación con los padres se plasma en su obra a través de un mundo perdido"
****************

¿Qué sucede cuando la gente no tiene el mismo sentido del humor? No reaccionan adecuadamente entre sí. Es lo que acaba de ocurrirme con el camarero de este Café Tabac de la plaza de Saint-Sulpice, café Perec para algunos. Decía Wittgenstein que, cuando la gente no comparte el mismo humor, es como si entre ciertos individuos existiese la costumbre de que una persona arrojara un balón a otra, y se estableciera que la otra persona tenía que atraparlo y devolverlo, y que algunas, en lugar de devolverlo, se lo metieran en el bolsillo. Decido olvidarme del camarero de humor distinto y miro hacia la iglesia de Saint-Sulpice. Estoy en el mismo lugar de observación desde el que Georges Perec, en los años setenta, se dedicaba a catalogar esta plaza y anotar de ella muy especialmente "lo que generalmente no se anota, lo que se nota, lo que no tiene importancia, lo que pasa  cuando  no  pasa  nada, salvo tiempo, gente, autos y nubes". Aquí escribió Tentativa de agotar un lugar parisino, un libro que consistía en una meticulosa larga lista de lo que había visto en la plaza a lo largo de varios días diferentes. En su momento lo leí con infinita diversión. Allí había anotado Perec todo lo que pasaba cuando no pasaba nada y había excluido de su lista sólo lo que pudiera resultar demasiado trascendente, y sobre todo lo que ya estaba "suficientemente catalogado, inventariado, fotografiado, contado o enumerado”.

Apuro mi café y tengo un recuerdo para El salto en paracaídas, un breve texto genial, incluido en Nací. Cuando aún era un tierno principiante, hacia 1959, al final de una reunión del grupo de la revista Arguments, Perec pidió la palabra, y su intervención tuvo alguien la ocurrencia de grabarla.  Feliz ocurrencia. Perec contó de forma tan inspirada como tartamuda una experiencia muy personal (“la cuento porque estoy un poco... porque he bebido un poco”), una  aventura de su breve paso por el paracaidismo y la historia de cómo llegó a comprender que, en la literatura y en la vida, era absolutamente necesario lanzarse, tirarse al vacío, “para persuadirse de que eso podría quizá tener un sentido que incluso uno mismo ignorase”.

Entre los libros de primera hora que me cambiaron la vida, estuvieron siempre los de Perec, libros que recuerdo haber leído fascinado, devolviéndole al autor, página a página, cada uno de los eufóricos balones que lanzaba. Desde el primer momento, vi que Perec era inseparable de Roussel y de Kafka, precisamente los otros dos escritores que entonces más me interesaban, pues me habían demostrado que en novela era posible hacer cosas muy distintas de las que se predicaban en mi tierra. En aquellos días, por lo que fuera, todo a veces se producía de la forma más sencilla. Y así Kafka, Roussel y Perec llegaron a mí con la máxima naturalidad, casi juntos, y después lo hicieron libros también decisivos como el ensayo novelado Maupassant y “el otro”, donde Alberto Savinio, con el pretexto de hablar de Maupassant, acababa hablando de todo, y para eso le bastaba con asociar cualquier idea con el dichoso tema central, en realidad ausente. O libros como El mito trágico del “Ángelus” de Millet, de Salvador Dalí, cuyo atractivo método de trabajo, alejado de todos los dogmas sobre la novela, se basaba también en asociaciones de ideas, asociaciones que se desplegaban en un tapiz que, al dispararse en todas los itinerarios posibles, acababa por convertirse en inagotable.

Pasa un autobús de la línea 63, y lo anoto -como todo- meticulosamente. Pasa luego uno de la línea 96, que va a Montparnasse. Frío seco, cielo gris. Pasa una mujer elegante llevando tallos en alto, un gran ramo de flores. El 96 es el mismo autobús que Perec atrapara en sus apuntes, y el mismo que luego me trasladará a mi hotel aquí en París, el Littré. Un rayo de sol. Viento. Un mehari verde. Lejano vuelo de palomas. Instantes de vacío. Ningún coche. Después cinco. Después uno. “La trama  es una vulgaridad burguesa”. Le adjudico la frase a Nabokov. “El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies”, recuerdo que respondió John Banville en una entrevista.

Es posible que estas dos citas sean como lanzar un balón que no van a devolvernos nunca todos aquellos que tienen todavía el humor de situar a la trama decimonónica en un pedestal absoluto. La novela del futuro verá esa trama como una simpleza que hizo furor en cierta época y se reirá de un tópico que me machacó durante mi primera juventud, esa idea de que la novela -“como bien saben en el mundo anglosajón”- ha de privilegiar siempre la trama. Hoy me alegro de haber visto pronto que aquella idea británica sobre la novela, como sucedía con tantas otras, no tenía porque considerarla una regla inamovible. Me moría de risa el día en que le escuché a Kurt Vonnegut decir que las tramas en realidad eran sólo unas cuantas y no era necesario darles demasiada importancia, bastaba con incorporar –casi al azar- una cualquiera de ellas al libro que estuviéramos escribiendo y de esta forma disponer de más tiempo para la forja de lo que realmente habría de importarnos: el estilo.

¿Y cuáles eran esas tramas? Vonnegut se las sabía de memoria, tenía una lista muy perecquiana: “Alguien se mete en un lío y luego se sale de él; alguien pierde algo y lo recupera; alguien es víctima de una injusticia y se venga; el caso conmovedor de Cenicienta; alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa; dos se enamoran, y mucha otra gente se entromete; una persona virtuosa es acusada falsamente de haber pecado o de haber cometido un crimen; una persona se enfrenta a un desafío con valentía, y tiene éxito o fracasa; alguien inicia una investigación para conocer la verdad de un asunto...”.

¿Y qué sucede cuando no ocurre nada? Que termina uno a veces por acordarse de los orígenes de su fascinación por las tramas no convencionales y recuerda cuando descubrió que se podían construir libros libres, de estructuras inéditas, con asociaciones y cavilaciones en torno a centros ausentes... Son las doce y doce de la mañana. Pasa un camión Printemps Brumell. Viento. Pienso en  métodos construidos con hiperasociaciones de ideas que -como en libros de Savinio o Dalí- no agotan nunca el tema en estudio y observación. Sin duda, una obra maestra absoluta de ese nuevo género fue la hipernovela La vida instrucciones de uso, donde se daban cita todas las tramas de Vonnegut, que de paso eran dinamitadas, en una operación parecida a la de Flaubert cuando en Madame Bovary  acabó con el realismo a base de llevarlo hasta su extremo máximo y ser el más realista de todos. Pienso en los veintinueve años y once meses que se cumplen desde que apareciera La vida instrucciones de uso, un libro al que Italo Calvino, por variadas razones -“el compendio de una serie de saberes que dan forma a una imagen del mundo, el sentido del hoy que está también hecho de acumulación del pasado y de vértigo del vacío”- consideraba como el último verdadero acontecimiento en la historia de la novela: puzzle en el que el propio puzzle da al libro el tema de la trama y el modelo formal, y donde el proyecto estructural y la poesía más alta conviven con asombrosa naturalidad.

De hecho, durante un largo tiempo La vida instrucciones de uso fue para muchos, en efecto, el último verdadero acontecimiento de la novela moderna. Después, vendría un gran libro de Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, que recogía con extraordinaria osadía y talento el guante lanzado por Perec. Día de cielo gris, frío seco. Viento. Pasa un señor con aspecto de secretario “provisionalmente definitivo” de alguna sociedad secreta de inventores de aforismos. Parece salido de una de las páginas más divertidas de Pensar / Clasificar. Podría llamarse perfectamente Bénabou. Pasa otro autobús de la línea 63. Pasa el 96. Lasitud de los ojos. Risas sofocadas. Distintos humores. Voy anotando. Alguien mueve un visillo. Tañidos de la campana de Saint-Sulpice. Se acumula el pasado y al mismo tiempo el vértigo de un vacío, lo que también anoto debidamente.

Enrique Vila-Matas

 

 
26/07/2012 10:26

MODIGLIANI    

Amedeo Modigliani nace en la ciudad toscana de Livorno en 1884, en el seno de una familia relativamente acomodada de judíos sefarditas. Es el menor de cuatro hermanos -el primogénito, Emmanuel, habría de ser un importante dirigente del Partido Socialista Italiano- fruto del matrimonio entre Flaminio Modigliani, un comerciante de origen romano, y Eugenia Garsin, mujer culta y progresista que ejercerá una poderosa influencia en el joven Amedeo.
Muy pronto se manifiestan dos de los rasgos que marcarían su vida. Con once años padece una grave pleuritis, de cuyas secuelas nunca se recuperó, y, dos años después, inicia sus clases de dibujo con la autorización de su madre, que -según confiesa en su diario- ve en esta actividad una salida al "estado de languidez" en que se encuentra el joven. De esta forma, Modigliani, a diferencia de la mayor parte de sus colegas de origen burgués, nunca encontrará oposición familiar a su vocación artística.

 

La fiebre del arte

Cariátide, 1911
la dedicación de Modigliani a la escultura produjo un número reducido de obras en bulto redondo y una cantidad considerable de bocetos que llevan en su mayor parte el título de Cariátide.

En 1898, Modigliani renuncia definitivamente a los estudios regulares y comienza a frecuentar el taller de Guglielmo Micheli, un discípulo de Fattori y, como él, uno de los macchiaioli -grupo de pintores toscanos que anticipan algunos aspectos del impresionismo-. En el invierno de 1901, una recaída en su lesión pulmonar hace que viaje al Sur acompañado por su madre en busca de un clima más favorable. Durante este viaje, el contacto con las grandes obras del arte italiano reafirma en él unos deseos de profundizar en la práctica artística que le llevan a inscribirse en la Escuela Libre de Desnudo de Florencia, en 1902, y, al año siguiente, en el Real Instituto de Bellas Artes de Venecia. Allí conoce al pintor chileno Ortiz de Zárate -que años más tarde sería su vecino en París- y le expresa su propósito de convertirse en escultor. Puede decirse que en esta ciudad, emancipado de la tutela familiar, Modigliani inicia su vida de bohemio, asiste a reuniones ocultistas y comienza a consumir hachis. Se prepara de esta forma para viajar a París, adonde llega a comienzos de 1906. En la capital francesa alquila un estudio en la rue Caulaincourt, en el barrio de Montmartre. Muy pronto, se inscribe en la Academia Colarossi y comienza a esculpir las piedras que, de forma bastante azarosa, consigue en las construcciones parisinas. Con su aspecto de dandi aseado -siempre llevaba un traje de terciopelo y un fular rojo-, Modigliani se sumerge en una ciudad que vive sus mejores momentos artísticos: los fauves acaban de provocar un enorme escándalo en el Salón de Otoño de 1905 y Picasso está preparando ya sus Señoritas de Avignon, la obra que será el germen del inmediato cubismo.

Un bohemio en París

Cabeza, 1914

Aunque el artista italiano se convierte pronto en un personaje característico de la bohemia artística de la ciudad, siempre se mantendrá al margen de cualquier movimiento más o menos organizado. En 1907 conoce al que será su primer mentor en París, Paul Alexandre, médico que había creado una suerte de falansterio de artistas en un edificio ocupado de la rue Delta. Persuadido por éste, Modigliani presenta en el Salón de los Independientes del año siguiente seis obras en las que se distingue la huella de Cézanne. Esta influencia, junto con la de Toulouse-Lautrec, Gauguin y el Picasso de la época azul, marcan la obra de Modigliani hasta el final de la primera década del siglo.
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La huella de la escultura

Lalotte, 1917.
Por su espíritu alegre y un tanto frívolo,
este cuadro supone una excepción en la obra de Modigliani.

Tras Alexandre, otro personaje fundamental en el devenir de la carrera de Modigliani es el escultor rumano Constantin Brancusi, vecino suyo en la Cité Falguiere de Montparnasse. Animado por Brancusi, Modigliani, que nunca había renunciado a su vocación de escultor, decide en 1909 consagrarse a esta actividad. Las obras de este periodo, que se prolonga hasta 1914, están realizadas en talla directa y son fruto de un proceso de estilización que le debe mucho al arte negro -que por esa época fascina a la mayor parte de los artistas de vanguardia-, pero también alas estatuarias egipcia y griega arcaica. En el verano de 1912, Modigliani realiza su último viaje a Italia, impulsado por sus amigos, que, ante el deplorable aspecto que el pintor ofrecía, deciden hacer una cuestación con la esperanza de que en el entorno familiar moderara sus hábitos. En Livorno encuentra un taller y reanuda la escultura. Según una leyenda -sólo documentada en parte-, las críticas de sus amigos livorneses harán que, en un ataque de despecho, el artista arroje sus esculturas al Canal de los Holandeses de la ciudad toscana, desapareciendo para siempre. Esta decepción, unida al alto costo de los materiales, la necesidad de disponer de un taller adecuado para la talla de la piedra y los problemas de salud que el polvo ocasionaba asus débiles pulmones, forzará el abandono de esta disciplina por parte del artista. Sin embargo el intenso ejercicio de síntesis que caracteriza a esta etapa dejaría una huella profunda en su producción posterior. A partir de 1914, Modigliani, que cuando estalla la guerra intenta alistarse, pero su mala salud se lo impide, retorna con nuevo ímpetu la pintura; protagonistas de su obra siguen siendo sus amigos parisinos: Paul Guillaume, marchante que sustituye a Alexandre cuando éste parte a la guerra y que le compra algunos cuadros; Beatrice Hastings, una poetisa sudafricana con la que mantuvo una tormentosa relación amorosa, y, sobre todo, Lépold Zborowski, poeta polaco que, desde 1917, será, a la vez, representante y amigo.

Un trágico final

Desnudo sentado, 1916

La primera exposición individual del pintor italiano, realizada en la galería de Berthe Weill, es clausurada por la policía a causa de unos desnudos -calificados de inmorales-que se mostraban en el escaparate de la sala. Ese mismo año conoce a la que sería su última compañera, Jeanne Hébüterne, una joven de diecinueve años con la que tendrá su única hija reconocida, Jeanne. Poco a poco consigue vender obras, pero su salud empeora y se agrava su dependencia de las drogas y del alcohol. Consumido por la enfermedad, tras una semana de terrible agonía en que la pareja permanece recluida en su estudio, sin comida y sin solicitar ayuda a nadie, el pintor muere en enero de 1920 en un hospital de París. A las pocas horas, su compañera, que se encontraba ya en el noveno mes de gestación, se suicida arrojándose desde la ventana de su piso.

Paola L. Fraticola

23/07/2012 01:24

Wittgenstein: Alto voltaje

Ludwig Wittgenstein vino al mundo en 1889 y murió en 1951, tras vivir dos guerras mundiales y cambios culturales asombrosos. Perteneció al Imperio Austro-Húngaro, pero asistió al final de todos los imperios, incluso el británico, donde había pasado media vida. Fue uno de los filósofos más influyentes del siglo XX y un individuo singular. Nació en Viena en una opulenta familia austríaca de origen judío y confesión católica. Era el menor de ocho hermanos, hijos de un importante industrial siderúrgico, Karl Wittgenstein, gran mecenas cultural, que sentaba a su mesa a Freud, Brahms, Mahler, Klimt… Karl era también un hombre duro: exigió tanto a sus hijos varones que, quizás por eso, dos de ellos, Hans, el mayor, y Rudolf, el tercero, acabaron suicidándose. También Ludwig pensó siempre en el suicidio, entre otras cosas porque una homosexualidad reprimida le atormentaba. Tampoco él llegó a cumplir las expectativas de su padre: era un joven sensible, de enorme inteligencia, que pasaba por completo de los negocios paternos.

Estudió en la Escuela Real de Linz y en la Técnica Superior de Berlín, titulándose como ingeniero aeronáutico en Manchester, donde diseñó un exitoso motor para aviones. Pero sus intereses se dirigieron pronto hacia la lógica matemática. El filósofo alemán Gottlib Frege le aconsejó ir a Cambridge a estudiar con un prestigioso profesor galés: Bertrand Russell, autor, con Alfred Whitehead, de los Principia mathematica, lo último sobre el problema que le apasionaba. Wittgenstein quería ser excelente, y no mediocre, de modo que abordó a Russell de un modo peculiar: “Profesor, quiero que usted me diga si soy tonto. Si lo soy, seguiré con la ingeniería aeronáutica; si no, me dedicaré a la filosofía”. Russell, prudente, respondió: “Tráigame algo que haya escrito sobre filosofía”. Días después, Wittgenstein le entregó el trabajo pedido. Russell leyó los primeros párrafos y le dijo: “Usted no debe ser aeronáutico”.

Un filósofo entre bombas
En 1913 se trasladó a Noruega. Construyó una cabaña en un fiordo y vivió en un profundo aislamiento trabajando en problemas de lógica filosófica y escribiéndose con Russell. Al estallar la I Guerra Mundial se alistó como voluntario en la artillería austríaca. Cierto día, en un pueblecito polaco, encontró un libro: Breve explicación del Evangelio de León Tolstoi, donde este contaba el proceso que le condujo al cristianismo, huyendo de la idea insoportable de que la existencia es producto del azar. Explicaba, además, que se libró del suicidio recurriendo no a la razón, sino a la fe sencilla. El librito impresionó a Wittgenstein. Durante la guerra, siempre lo llevó consigo y fue el origen de un interés por lo espiritual que duraría hasta su muerte.

Durante los cuatro años de guerra llevó también en su macuto de soldado los cuadernos en que anotaba sus pensamientos filosóficos. En 1918 cayó en manos de los italianos. En el campo de prisioneros de Montecassino, ordenó esos apuntes y le hizo llegar una copia a Russell. Era el Tractatus logico-philosophicus. Russell lo leyó con interés, pero de entrada no lo entendió, lo que molestó mucho a Wittgenstein, que creía haber resuelto todos los problemas de la filosofía. Ambos tendrían muchas discusiones durante los años siguientes. El galés se había dado cuenta de que no podía aportar nada más al avance de la lógica y confiaba en que el austríaco sí lo hiciera, aunque era un hueso duro de roer, que se negaba a retocar su texto para hacerlo más accesible.

Mientras intentaba publicar su libro, Wittgenstein volvió a Viena para recibir la herencia de su padre, lo que le hubiera convertido en el hombre más rico de Europa. Pero como consideraba el dinero incompatible con la condición de filósofo, cedió su fortuna a sus hermanos. A partir de ese momento siempre fue pobre y nunca aceptó de su familia o amigos ni un céntimo que no hubiera ganado. La guerra le había dañado mucho. Tuvo depresiones y pensamientos sombríos, agravados por las dificultades para publicar el Tractatus, el único de sus libros importantes que pudo ver impreso. Por fin apareció, en 1921, en la revista alemana Annalen der Naturphilosophie, y un año más tarde, en una edición bilingüe alemán-inglés, prologada por Russell.

Un maestro agresivo

Convencido de haber renovado por completo la filosofía, quiso hacer algo diferente con su vida y decidió ser maestro. Tras estudiar los nuevos métodos de enseñanza, consiguió un puesto en una escuela rural de Trattenbach, un pueblo pobre de las montañas de Austria. El experimento acabó mal. Wittgenstein estimulaba a los alumnos que eran buenos en matemáticas, pero no tenía paciencia con los torpes, con los que podía pasarse de violento, incluso en una época tolerante con los bofetones pedagógicos. Le acusaron de golpear a una niña hasta hacerla sangrar e incluso de dejar insconsciente a un chico de 11 años. Investigado, se salvó negándolo y acabó huyendo del pueblo lleno de remordimientos por no haber dominado su ira y por haber mentido.

Después de esto regresó a Viena y trabajó como jardinero en el
monasterio de Hüteldorf, donde quiso profesar, pero el abad no le aceptó. Sin dinero ni profesión clara, llegó a un acuerdo con su gran amigo el arquitecto Paul Engelmann para construirle una casa a su hermana Margarethe. El tolerante Engelmann aceptó todas las decisiones que el intransigente Wittgenstein tomó sobre estructura, aldabas, cerraduras y todo lo habido y por haber. El resultado fue una casa peculiar. Los rusos la usaron como caballeriza después de la II Guerra Mundial. Ahora, muy modificada, forma parte de la embajada búlgara.

Al mismo tiempo, retomó sus contactos con la filosofía. Conoció a Moritz Schlick, catedrático en Viena, que le introdujo en lo que más tarde sería el círculo vienés: Rudolph Carnap, Friedrich Waismann, Herbert Feigl…Pero no sintonizaron: los pensamientos casi místicos de Wittgenstein no concordaban con los del grupo, hostiles hacia la metafísica y la religión. Decepcionado, regresó en 1929 a Cambridge para conseguir una beca en el Trinity College. Para ello necesitaba ser doctor, cosa que logró presentando el Tractatus como tesis. Los ponentes fueron un entusiasta G. E. Moore y un reticente Bertrand Russell. Wittegstein aprobó, claro. Y al acabar el examen, incapaz como era de guardar respetos humanos, palmeó a su ponentes y les dijo: “No se preocupen. Sé que nunca entenderán el libro”. Así comenzó Wittgenstein una carrera académica en Cambridge que duró 17 años, durante los cuales revolucionó la filosofía. Al principio, trató de desarrollar los pensamientos del Tractatus y escribió Algunas observaciones sobre la forma lógica, que apareció en Proceedings of the Aristotelian Society. Fue lo último que publicó. Cumpliendo con las obligaciones de su beca, escribió dos obras más, que se editaron tras su muerte: Observaciones filosóficas y Gramática filosófica. Bertrand Russell los encontró “muy importantes”, pero puso en duda sus tesis, considerándolas negativas para la filosofía. Así acabó su amistad.

Mejor inglés que alemán

En 1930, Wittgenstein dio muchas conferencias en Cambridge a pequeños grupos. Paseaba por la sala como un león, discurseaba y de pronto enmudecía para aclarar sus ideas. De vez en cuando refunfuñaba: “¡Qué estúpido soy!”, o pedía ayuda al auditorio. Los estudiantes opinaban: “Nunca antes habíamos visto pensar a una persona”. A Wittgenstein no le gustaba el academicismo de Cambridge, pero quería que sus alumnos se hicieran las preguntas que le apasionaban, por eso insistía en sus enseñanzas. En 1934 circulaban entre los estudiantes dos colecciones de apuntes suyos, del curso 1933-34, encuadernadas una en azul y otra en marrón: Los cuadernos azul y marrón. Se publicaron en un solo volumen tras la muerte de su autor. En ambos aparece el concepto de “juegos del lenguaje”, que marca el punto de inflexión entre el primer Wittgenstein del Tractatus y el posterior de las Investigaciones filosóficas.

Acabada la beca del Trinity College, Wittgenstein volvió a su casita de Noruega, donde terminó la primera parte de sus Investigaciones filosóficas. Pero en 1937 regresó a Cambridge, y aceptó la cátedra de Ciencias Morales, convirtiéndose además en ciudadano británico. ¿Por qué? Porque la unión entre Austria y Alemania, forzada por Hitler, le obligaba a perder su pasaporte austríaco y a convertirse en alemán. Y prefería ser inglés. De modo que se instaló en Cambridge. Pero, antes de que ocupara su cátedra, estalló la II Guerra Mundial. Wittgenstein se hizo asistente en el Guys Hospital de Londres y después en Newcastle, donde aportó algunas inovaciones técnicas muy prácticas. Allí descubrió que le hubiera gustado ser médico. Al terminar la guerra renunció a su puesto de catedrático: ya no creía en sí mismo como profesor. Su personalidad era tan fuerte y tiránica que había acabado por provocar una reacción hostil en su entorno académico.
Como había ahorrado, podía vivir un tiempo sin trabajar. Se instaló en Irlanda, donde un antiguo discípulo, el doctor Drury, le consiguió una casita en la costa. Allí terminó la segunda parte de las Investigaciones filosóficas. En 1949 regresó a Cambridge y descubrió que iba a morir por un cáncer de próstata que, con su testarudez habitual, no quiso tratarse. Trabajó hasta el final en casa del amigo que le acogió, el doctor Bevan, y en ella murió el 29 de abril de 1951 a los 62 años.

Wittgenstein no era un hombre religioso, pero sí espiritual. Tras mucho discutir, sus amigos le despidieron con un funeral católico y siempre se preguntaron si habían hecho lo correcto. Sus Investigaciones filosóficas se publicaron después de su muerte y se convirtieron en una de las obras filosóficas más influyentes del siglo XX. ❖ Marisa Pérez Bodegas

16/03/2010 21:31
ROSA LUXEMBURGO 




Rosa Luxemburg (1870 – 1918) Revolucionaria y teórica del socialismo alemán, de origen judío polaco (Zamosc, Rutenia, 5 de marzo, 1870 - Berlín 15 de enero, 1919)

Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios de la época y de la discriminación que las autoridades zaristas imponían en Polonia contra los judíos. Su familia se desenvolvió en un ambiente muy cultivado e influenciado por los escritores occidentales, especialmente alemanes. Su inteligencia, empuje y capacidad -hablaba once idiomas- fueron razones para que pronto se destacara como uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia. Abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía debido a su militancia socialista en 1889, a los 18 años, refugiándose en Suiza. Alli terminó sus estudios de Derecho, trabó contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. Contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana a pesar de estar ser contrari a todo nacionalismo. Cuatro años después emigró a Zurich, ciudad donde estudió ley y economía política.

Formó junto al político alemán Karl Liebknecht, la liga de Spartacus, que se convirtió más adelante en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico marxista "Neue Zeit". Fue sentenciada (1903-1904) a nueve meses de prisión acusada de "insultar al Kaiser". Participó directamente en la revolución de 1905 en Polonia. En marzo de 1906 fue arrestada y encarcelada en Varsovia durante cuatro meses. Es puesta en libertad y expulsada a su país ya que no contaba con una buena salud, apesar de por poseer la nacionalidad alemana. En 1906, sintetizó sus experiencias y opiniones sobre esta materia en "Huelga de masas, partido y sindicatos", que sirvió de punto de arranque para las discusiones en el Congreso de 1906 del SPD, en Mannheim. Un año después, participó en el Congreso Socialista Internacional celebrado en Stuttgardt, en el que interviene en nombre del partido ruso y polaco. Alli participo en los debates teoricos que agitaban el ambiente teorico-práctico del materialismo-dialéctico tras la muerte de Karl Marx y Friederich Engels.

Su pensamiento representó a las opciones radicales en el seno de la II Internacional. Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo asi como otros aportaciones teóricas originales en torno al imperialismo.y al derrumbe del capitalismo en su obra “La acumulación del capital de 1913”. Su crítica a Marx se basa en las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsarse en algún momento por saturación. Sin embargo, muchas décadas después de muerto Marx, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema. Rosa Luxemburgo encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, que, al mismo tiempo que procuraban materias primas a muy bajo coste, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados. En el mismo sentido, expuso las primeras teorías sobre el imperialismo, que más tarde desarrollará Lenin. Sin embargo, este tambien fue obketo de la critica por parte de Rosa Luxemburgo, en especial en lo referente a las concepciones de éste sobre la democracia en el partido y la dictadura del proletariado, postulando un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista contra la concepcion centralista y autoritaria del partido de revolucionarios profesionales que defendía el ruso.

También fue central en el debate dentro del Partido Socialdemocrata Aleman. Si bien se asoció con Kautsky para defender la «ortodoxia» marxista frente al «revisionismo» de Bernstein, mas tarde se distanció de él y de la mayoría del partido a medida que éstos se inclinaron hacia los métodos parlamentarios, pasando a ser reconocida como la líder principal del ala izquierda del SPD. Creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder hasta entonces en manos del capital, verdadero enemigo a combatir.

.. En 1914 estalla la Iª Guerra Mundial, y llega el apoyo unánime del grupo parlamentario socialdemócrata alemán a los créditos de guerra, la oposición interna en el SPD inició una gran actividad, difundiendo centenares de miles de folletos y octavillas que llegaron a movilizar a la población. Es de nuevo arrestada el 20 de febrero, esta vez acusada de incitar a los soldados a la rebelión. Se la sentencia a un año de prisión y al salir del tribunal fue de inmediato a un mitin popular en el que repite su revolucionaria propaganda antibélica. El 12 de octubre de 1914, escribe una carta al socialista K. Mohr, en la que expresa claramente que en su opinión en el SPD se habían formado dos bloques, por un lado los "que, hablando con propiedad, forman parte del campo de la burguesía y constituyen como máximo un partido obrero reformista con fuerte influencia nacionalista", y por otro, "aquellos que no quieren renunciar a la lucha de clases y al internacionalismo". Durante su estancia en la cárcel escribió "La Crisis de la Socialdemocracia". El 3 de agosto el grupo parlamentario socialdemócrata, que contaba en esos momentos con 111 diputados, decide apoyar la concesión de los créditos de guerra que pide el gobierno del Kaiser, con tan sólo 15 votos en contra. Un día después los parlamentarios socialdemócratas que se oponen a los créditos deciden acatar la disciplina de voto del grupo. Esta decisión del partido fue un golpe muy dura para Rosa. Se produce la ruptura en la fracción parlamentaria del SPD, que acabaría llevando a la escisión del partido en enero de 1917 con la fundación, el 6 de abril, del USPD (Socialdemócratas Independientes).

En 1918 estalla la revolución en Alemania. El 28 de enero se declara la huelga general y se inicia la formación de los Consejos de Obreros. El 31 de enero la huelga es prohibida y se declara el Estado de Sitio extendiéndose la represión. En marzo son encarcelados Rosa Luxemburgo, Leo Jogiches y otros militantes espartaquistas que difundían propaganda revolucionaria en el Ejército. En libertad desde la revolución del 8 de noviembre de 1918 que hizo abdicar al emperador Guillermo II,. Ese día se extiende la revolución y la formación de Consejos de Obreros a Oldenburg, Rostock, Magdeburg, Halle, Leipzig, Dresden, Chemitz, Düsseldorf, Farnkfurt, Stuttgart, Darmstadt y Nürnberg. El 15 de enero Rosa de Luxemburgo y Liebknecht, junto con el cual había lanzado la Revolucion espartaquista de 1919 son asesinados por los soldados que reprimieron el levantamiento. Un soldado le destroza el cráneo con la culata de su fusil) y se arroja su cadáver a un canal. El 31 de mayo es encontrado el cadáver y el entierro se celebra el 13 de junio. Además de su constante actividad política, es preciso destacar su intensa labor en la prensa. Su pensamiento quedó reflejado en varias publicaciones. Destacan, por citar algunas, "¿Reforma social o revolución?", publicado en 1899; "Massenstreik, Partei und Gewerkschaften", de 1906; "La acumulación del capital", de 1913 o "La revolución rusa", publicado a los tres años de su muerte, e Introducción a la economía política (1925, póstumo). Mujer de vasta influencia en el ámbito del socialismo, sus aportaciones teóricas, su lucha personal y su dramática muerte contribuyeron a hacer de ella uno de los referentes de la izquierda del siglo XX.




16/03/2010 18:18

VIRGINIA WOLF

Nació el 25 de enero de 1882, en Londres. Sus padres eran Sir Leslie Stephens y Julia Duckworth. Tuvieron una descendencia de cuatro vástagos siendo la mayor Vanesa, después Thoby, en tercer lugar Virgina y finalmente Adrián. Muy de moda por entonces entre la alta sociedad victoriana, la pareja decidió que sus hijos recibieron la educación en casa, mediante tutores, por lo que la misma resultó muy desigual, pues se supone, según las costumbres y modos, continuos cambios en los profesores y zigzags en los métodos de enseñanza y en la adquisición de conocimientos.

 

Con posterioridad, los varones fueron enviados a la Universidad de Cambridge. La otra hermana, con declarada vocación por la pintura y muy en contra de la opinión de sus progenitores, ingresó en una academia de Arte.

Virginia, que andaba delicada de salud a causa de unas fiebres de tipo reumático y desarreglos de tipo nervioso que las más de las veces desembocaban en crisis, tuvo que terminar su formación en el hogar familiar, aprovechando la extensísima biblioteca que poseía Sir Leslie. Esto la marcó para toda su vida y nunca dejó de lamentarse que a causa de ello su formación no fue lo adecuada que debería haber sido de ir a un centro académico.

Ya desde temprana edad, sobre los 9 ó 10 años mostró afición por las letras, escribiendo una especie de periodiquillo casero llamado “The Hyde Park Gate News” al que sólo tenían acceso los miembros de su entorno. Esto fue mantenido hasta la edad de 13 años.

 

En 1895, falleció su madre de improviso y según ulteriores confesiones hechas en diferentes escritos, fue el mayor desastre que le pudo ocurrir y que marcó su vida para siempre. Georges, hijo de un primer matrimonio de su madre, cogió las riendas de la familia, trastocando su amor fraternal por una pasión morbosa y enfermiza hacia sus hermanastras. Al ser Virginia la más cercana al permanecer en el hogar, resultó la más perjudicada y estos desvaríos de su hermanastro dejó huella para toda su vida, conservando en su interior una desconfianza hacia los hombres y una mayor afectividad hacia el sexo femenino, de forma que en un futuro llegó a ser amante de la también escritora Vita Sackville West.

En 1904 fallece su padre y el domicilio familiar se muda a Gordon Square, en Bloomsbury. Este hecho cambió de forma crucial su futuro, toda vez que su hermano Thoby la convirtió en templo de reunión de antiguos compañeros suyos de Cambridge y de ideas librepensadoras. Era un grupo muy selecto que llegó a ser conocido como el grupo de Bloomsbury y en el que participaron su cuñado Bell junto con muchos otros intelectuales del entorno. Entre ellos se encontraba el escritor Leonard Wolf, con el que posteriormente contraería nupcias.

En 1908 hizo sus primeros pinitos serios en el campo de la literatura con una obra de teatro conocida por “ Melymbrosia” y que posteriormente convirtió en novela bajo el título de Fin de Viaje, hacia 1915. En el 10 de Agosto de 1910, matrimonió con el antes mencionado Wolf. Una de las primeras consecuencias de ésta unión fue la creación de la imprenta Hoggart, en la que se dieron a conocer textos de jóvenes promesas del momento como T.S.Elliot.

Todo esto condujo a Virginia a una intensa actividad de todo tipo. En lo político, se fue introduciendo paulatinamente en la lucha a favor de los derechos civiles de las mujeres, siendo considerada como la progenitora del feminismo moderno. Todo esto sin abandonar su producción literaria con obras que alcanzaron a la par admiración y desconcierto. Relacionamos seguidamente las más destacadas:

 

Día y noche (1919)

El cuarto de Jacob (1922)

La señora Dalloway (1925)

Al faro (1927) considerada una obra sin par y maestra

Orlando (1929)

Una habitación propia (1929) alegato a favor de las mujeres escritoras

Las Olas (1931)

 

Esta última se la considera la más audaz y ambiciosa de todas y el conjunto de ellas dejó una huella imborrable en su generación, variando de forma ostensible el rumbo tomado por la literatura inglesa de la época.

Toda su vida estuvo marcada por sus crisis nerviosas, que la obligaban a pasar temporadas en “casas de reposo” eufemismo con el que se conoce los sanatorios psiquiátricos de entonces. En 1904 tuvo un primer intento de suicidio, de los varios que sufrió a lo largo de su vida.

Las Olas, marcó un “impasse” en su estilo de escribir, retomando estilos más pausados. No obstante, se cree que a causa de sus trastornos, su producción y creatividad literaria fue mermándose ostensiblemente, siendo meras recopilaciones de artículos periodísticos.               En 1941, en marzo concretamente, su estado mental era tan confuso y precario, que Leonard decidió que se refugiaran en un pequeño “Cottage” que poseía en Rodmell. Poco después, y en un ataque de depresión aguda, se carga de piedras los bolsillos y lo que puede y se mete el el río Ouse para suicidarse.
16/03/2010 15:21
Y una que le viene al pelo a todo Buhero. 

Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris.


Carl Orff

Para los amantes os dejo O Fortuna completo aquí abajo



Un 10 al que adivine de qué país son los miembros del coro por el acento con que cantan en latín.


16/03/2010 15:15

Y el final no tiene desperdicio...

Parum sexcente nummate
durant, cum immoderate
bibunt omnes sine meta.
Quamvis bibant mente leta,
sic nos rodunt omnes gentes
et sic erimus egentes.
Qui nos rodunt confundantur
et cum iustis non scribantur.

Io io io io io io io....

IO!

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