Pasar la noche, pensaba, en el tabuco.
adornaba sin pudor aquél vasuco.
y los dídimos del simple mameluco.
.
En un desgaire, la infame barragana
mancilló mi honor con jácaro bastardo.
La estulta hetaira, como manejando un fardo,
de murria y desmedro llenó mi alma pagana.
Desde entonces voy errando con desgana
pareciendo sin querer un galavardo;
un gallofero rufián, vulgar bigardo
que deambula como indigno tarambana.
.
Aquí me encuentro, al amparo del figón,
confortándome los pies en la jofaina,
mientras despojo lentamente mis polainas
para descansar después en el jergón.
El barbián tabernero, ilustre bonachón
guardará mis perendengues en su vaina,
saciará mi gusa con sólida chanfaina
y limpiará para mañana el gambesón.