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las fantásticas "poiessis" inmersas de paradojales estetismos

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20/08/2008 06:24
Elea, me gustaría expresar en estas líneas un tema que es bastante interesante. Dame tu opinión al respecto por favor. Se trata de:

Las organizaciones como sistemas abiertos

Según Katz y Kahn, la teoría racional mecanicista concibe a la organización como “un dispositivo para mejor lograr, con los medios de un grupo, algún propósito; equivale al plano del que surgirá la máquina con algún objetivo práctico”. Como alternativa, la teoría sistémica propone definir la organización como “un sistema energético insumo-resultado, en el que la energía proveniente del resultado reactiva al sistema”.

La teoría general de sistemas propone una serie de principios de comportamiento de los sistemas abiertos, que modelan su comportamiento independientemente de su carácter de sistema biológico, físico u organizativo. A continuación, se exponen aquí en una formulación sumamente resumida, realizando las convenientes particularizaciones para el caso de la organización, a partir de la obra original: "La Psicología Social de las Organizaciones", de Daniel Katz y Robert L. Kahn.
15/08/2008 02:52
Me pregunto si Kafka alguna vez llegó a conocer la naturaleza de sus concepciones. No lo creo. Las concepciones de Kafka, al igual que muchas de las concepciones de Poe, son extrañas incluso para él mismo. Los personajes “kafkianos” deambulan en un mundo que no pueden descifrar.

Entre Poe y Kafka existen más afinidades de las que imaginamos, tanto en el plano terreno como ultraterreno. En la genialidad de Poe y Kafka vive el Zeitgeist de sus épocas respectivas. Es un Zeitgeist consanguíneo. Tanto Poe como Kafka se revelaron contra la tiranía paterna. A Kafka le disgustaba Praga, a Poe Boston. La genialidad y a locura los atormentó a los dos. Poe confesó estar enloqueciendo en diversas ocasiones, y Kafka admitió perder el rumbo varias veces. Ambos tuvieron tendencias suicidas y ambos crearon personajes maltrechos. Los dos fueron hombres conflictivos, y los dos estaban obsesionados con la muerte. El aislamiento de Kafka, como judío, en Praga, es comprable al aislamiento de Poe, en Boston. Pero las afinidades más sorprendentes no son las terrenales sino las metafísicas. Poe desafió el trascendentalismo de Boston con una cosmovisión materialista de índole tal que, en esencia, resulta virtualmente idéntica al pathos metafísico de Kafka, como judío, en Praga, cincuenta años después.

Kafka escribió historias que no son terrenales, para poner los pies en la tierra, y Poe escribió historias terrenales, para poner los pies en el cielo.

Tras años de haber trabajado intensamente en la historia intelectual de Poe, puedo decir, sin temor a equivocarme, que todo lo que he encontrado y corroborado cuadra excepcionalmente bien con las tesis centrales que podemos deducir de la lectura que Gershom Scholem hizo de Kafka, a lo largo de más de dos décadas:

I. Para Scholem, Kafka es el gran paradigma de la época. Una época en que la tradición está en crisis y el mundo está desprovisto de toda divinidad. Un mundo en el que, sin embargo, “la inmanencia en sí misma debe leerse como el anverso de una trascendencia perdida”.3 Poe es a su vez el paradigma de una tradición literaria en crisis; invirtió los términos del idealismo trascendental (cuyo papel es inmenso entre los trascendentalistas de Boston y el grupo de Emerson) y arribó a una concepción negativa del idealismo. Al igual que en el mundo de Kafka, pero de modo inverso, el dominio de lo terreno sobre lo ultraterreno es total en el mundo de Poe: lo espiritual está sujeto inevitablemente a la materia, y de allí viene el Mal. Un mal necesario desde el comienzo de la creación.

II. Aparecen en la obra de Kafka, por medio de la representación metafórica de la crisis en el mundo moderno, “las paradojas y contradicciones que siempre han sido inherentes en el misticismo judío” aproximándose “al nihilismo e incluso la herejía” . Del mismo modo, aparecen en la obra de Poe todas las contradicciones y paradojas inherentes al platonismo, mismas que se aproximan al nihilismo o las herejías de corte panteísta.

III. Las “herejías místicas judías” aparecen en la ficción de Kafka del siguiente modo: a) “Obsesión con la Ley” en un mundo en el que “Dios está ausente”. b) La Ley está abierta a “infinitas interpretaciones”. y es “impracticable”. c) La verdad es “inaccesible”. Las herejías de Poe aparecen de la forma siguiente: a) Obsesión con la Verdad, cuya Ley es la de la Naturaleza. Una Naturaleza cuyo rostro se ha “deformado”. Dios está ausente; pues Dios es “la perfección de la materia”; pero una perfección a la que ninguna criatura tendrá jamás acceso. b) La Ley Natural sólo puede producir “infinitas variaciones del desarrollo vital”, y es indescifrable. c) La verdad es inaccesible porque la única Ley es la de una fuerza dual. La única Verdad es incognoscible; pues Dios es la perfección de la materia.
Para Scholem todos estos motivos, tan viejos como debatidos, adoptan una nueva forma en la obra de Kafka, y, como ocurre en la obra de Poe, constituyen temáticas constantes. Así como el misticismo judío es inseparable de la obra de Kafka, el idealismo alemán es inseparable de la obra de Poe, en particular la metafísica de Schelling. En el mundo de Kafka cada conclusión es puesta en duda; a cada afirmación corresponden muchas más. Nadie tiene la última palabra en lo que respecta a la Ley y la Verdad. En el mundo de Poe, a cada afirmación corresponde otra, contraria. La Verdad ni siquiera tiene cabida en el ámbito de la Poesía, la que debe siempre sujetarse a lo Ideal, cuya representación sólo es plausible por medio de lo Indefinido. La gran obsesión de Kafka es penetrar en la naturaleza de un mundo sumido en la arbitrariedad y el caos, pero todavía hechizado por la idea de la Ley. La gran obsesión de Poe es penetrar en un mundo en que las obscenidades de la simetría son constantemente desafiadas por una sola Ley, en la que actúa un principio dual: atracción y repulsión, de tal suerte que:

“…para todos los propósitos meramente argumentativos estamos plenamente justificados al asumir que la Materia existe sólo como Atracción y Repulsión…”. “No habiendo un caso concebible en el que no podamos emplear el término “Materia” y los términos “Atracción y Repulsión” tomados juntos, como equivalentes, y por lo tanto convertibles expresiones en la Lógica”. Así los dos Principios, Atracción y Repulsión —lo Material y lo Espiritual— se acompañan mutuamente, para siempre, en la más estricta camaradería. Así el Cuerpo y el Alma caminan de la mano.

El mundo de Kafka, como el mundo de Poe, sigue debatiéndose ante la idea de una Ley que la historia misma ha vuelto impracticable, pero que aún proyecta su sombra sobre la faz de la tierra. Lo que la Ley pide de nosotros, sea la del Torah, o la de la Naturaleza, es incomprensible. Si el Absoluto ha de traducirse en una Verdad, es una verdad en eterna contradicción; contradicción entre lo material y lo espiritual, entre este mundo y el otro. Según Scholem, “la nada de la Revelación” está en el corazón de Kafka. Para Poe, la Nada es la Revelación misma. Una Nada de la que podrá surgir una creación completamente nueva, a “cada latido del Corazón Divino”.

Las historias de Poe, como las historias de Kafka, no revelan nunca su último secreto. Si estas coincidencias sorprenden, no debiera sorprendernos que la obra de ambos haya estado expuesta a vicisitudes similares. Al igual que Poe, aunque más, quizá, por haber escrito en alemán, la obra de Kafka fue bastante ignorada en su propia tierra. Durante los años veinte aparecieron ensayos centrados en el materialismo de Kafka. Los especialistas han buscado la llave que abre todas las puertas de su simbolismo. En el caso de Poe, las llaves que menos abren suelen ser las del psicoanálisis y los estudios fenomenológicos, que yo encuentro insoportables. Los mejores críticos de Kafka siguen siendo Walter Benjamin, George Steiner y Gershom Scholem.

13/08/2008 22:02
Cuando aún el amor no había abandonado nuestro sacro lecho y mi ex aun era mi mujer, Cuando aun las mañanas eran alegradas por el encanto de nuestras siluetas amasijadas en la cama.
Cuando aun existía un lugar para la pureza en nuestras almas. Era cuando, entonces, Cuando y mas que nunca, los demonios de la carne abrigaron nuestro amado hogar.

¡OH Hijos del instinto! ¡Hijos de Belihal y de Satán! Que abandonáis mi alcoba para siempre.
¿Cuándo podré de nuevo, susurrarle mis palabras necias y acariciar su cuello con mi aliento, para invitarla a mis festines descarados?
¿Cuándo compartiré de nuevo con otra como ella, mis embates de lujuria descarriada?
¿Y cuando por dios, retornarán los querubines de luzbel a nuestras vidas estancadas?

¿Cuando me convertiré de nuevo en el genio de su lámpara?
¿Y cuando sacrificaremos a Baco nuestras almas desbocadas?
¿Quién como yo liberará sus instintos frenéticos y aviesos?
¿Quién, Como ella, me llevará al edén de la pasión y del pecado prometido?


¿Quién tendrá licencia para desenfrenar nuestro lado más siniestro, regido por los brazos titánicos de un amor como lo fue el nuestro?
¿Quién degollará nuestros temores infantiles y se bañará en la sangre de la lascivia y el deseo, para sembrar la vida?
¿Quién te pervertirá de nuevo? ¿Quien te sodomizará de nuevo?¿Quien te prostituirá de nuevo?¿Quien reventará los yugos del temor para que santifiques, hasta tu lado lésbico?

¿Quién nos mostrará la otra cara de la moneda sin dañar a nadie?

¡Venid a Mí hijos de Lucifer os lo demando!
¡Alegrad de nuevo nuestras moribundas almas!
¡Morad en nuestros corazones que hoy marchitos, se niegan a sentir de nuevo!
¡Retornad Os lo demando! ¿No veis que me estoy muriendo?
¡Habitad en las ruinas de nuestro amor!
¡¡¡VUELVE OH SATÁN PARA CREER EN DIOS DE NUEVO!!!
13/08/2008 03:59
Es cierto, ElDelatador. En la poesía se expresa mucho de lo que quiere hacer ver Elea. Como lector les pongo un ejemplo clásico:

Nada más incomprensible para la sociedad de 1916 que el lesbianismo; nada más susceptible de tratamiento ``exótico'' que un lecho compartido por iguales (si son mujeres). Y en este proceso influye para volver comprensible lo impensable una gran lectura liberadora en América Latina: la poesía francesa, en especial los simbolistas. De los franceses los latinoamericanos toman el entusiasmo corporal, y en esta materia Rimbaud es un paladín: ``O splendeur de la claire! O splendeur idéale!'' Lo indecible se convierte en el descubrimiento de lo poseído por la Palabra, capaz de asir el esplendor de la carne, el esplendor ideal. ¿Cómo no dejarse avasallar por poemas como ``Sol y carne'' de Rimbaud?


¡Oh! ¡El Hombre ha erguido libre y altiva su
¡A cabeza!
¡Y el rayo súbito de la belleza primera
hace latir al dios en el altar de la carne!
Feliz por el bien presente, pálido por el mal
sufrido,
el Hombre quiere sondearlo todo, ¡quiere
saber!
¡El Pensamiento, ese caballo largo tiempo
refrenado,
se desboca en su frente! ¡El sabrá por qué!...

El Pensamiento piensa lascivias, y los latinoamericanos escuchan la profecía. Por su función múltiple en el territorio aún sojuzgado por el culto a la Palabra, los poetas, antes que nadie, ofrecen versiones victoriosas del cuerpo, y hacen del desnudo una hazaña de los sentidos. ``Como Dios nos trajo al mundo'' es la imagen que participa del poderío divino, algo muy relevante cuando lo habitual es cubrirlo todo. Gracias a las licencias de la moral laica, los poetas ubican otra utopía, la del instinto. En estos miradores, la Nueva Atlántida es el cuerpo ardiente en el lecho. Y otra vez Rimbaud provee la consigna arrasadora: ``Hace falta ser absolutamente moderno.''

Con Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé se filtra en la cultura latinoamericana ``la mirada del extraño'', del outsider que aporta formas y conceptos ``heréticos''. Como señala Wallace Fowlil, en su análisis de los vínculos entre Rimbaud y Jim Morrison, fue necesario en ese momento de fines de siglo XIX, creer en los vínculos entre un poema y la magia o el sortilege, para usar la expresión francesa. ``Un poema surge a través de un proceso que, como la alquimia, es mágico y por tanto extranjero a las reglas de la lógica e incluso a las reglas del instinto.''

Elea espero estés de acuerdo totalmente con lo que acabo de escribir y compartas mis ideales.
13/08/2008 03:55
Elea, paradojas, estetismos. Veamos que te parece esto:

En la poesía se filtra poderosamente lo que la iglesia católica y los Hombres de Pro han querido desterrar para siempre: el salto de lo indecible a lo escrito, de ``lo prohibido'' a su configuración artística. Muy probablemente, antes de ``Misa Negra'' decenas de miles de ``espíritus románticos'' en América Latina se inclinan sobre el cuerpo de la amada profiriendo ``obscenidades'' (si no calificaban así sus palabras, ¿para qué decirlas?), y creyéndose ante un altar de placer practican el sacrificio ``místico'' de la virginidad ideal o real de la pareja, la ``misa negra'' en suma. Pero mantienen en silencio su ocurrencia, guiados por la premisa: en donde la Palabra impera, lo que no se nombra no existe y no es castigable.

Al verbalizarse, la profecía de ``las herejías carnales'' deviene opción de conducta. Una vez enunciado, el erotismo no regresa a su lugar, y Lady Chatterley no necesita a Freud para enterarse: las distancias de clase son parte esencial del atractivo del guarda Jacques Mellors. Quince años después de Tablada, el mexicano Efrén Rebolledo (1877-1929), profeta del deseo insaciable, va al límite de lo permitido en ``El beso de Safo'', su descripción del amor lésbico:


Más pulidos que el mármol transparente,
más blancos que los blancos vellocinos,
se anudan los dos cuerpos femeninos
en un grupo escultórico y ardiente.

Ancas de cebra, escorzos de serpiente,
combas rotundas, senos colombinos,
una lumbre los labios purpurinos,
y las dos cabelleras un torrente.


En el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,
y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.

De Caro Victri


La estrategia es clásica: que las audacias del comportamiento se filtren a través de la estética, redentora de la inmoralidad. Rebolledo abstrae la sexualidad y la ``anomalía'', y se queda con formas puras y cambiantes, en rigor una red de metáforas entrelazadas. Sólo así se da entrada al ``safismo'' de dos vírgenes estrictas, porque no han conocido varón: ``...dos rosas de capullos inviolados/ destilan y confunden sus esencias''. Ante esto la censura, que sólo se indigna ante las provocaciones obvias, nada tiene que oponer. No comprende la retórica y, en todo caso, le está prohibido entrar en detalle, porque eso equivaldría a vociferar lo innombrable. Lo más eficaz para los ``guardianes de la honra social'' es continuar la práctica del silencio que aísla.

¿Es a temas como este a lo que te quieres referir Elea?
12/08/2008 04:19
Elea me doy cuenta por su foto de que ya lo he visto en torneos de ajedrez cuando he ido a Medellín. Un saludote compadre.

En cuanto al tema que expone en este foro quiero acotar algo que sucedió en España y lo acabo de leer en un interesante libro:

El Ejército del Aire español declaró 'confidencial' lo relacionado con los ovnis en 1968 y 'materia reservada' en 1979, no en 1976, y nunca amenazó con represalias a nadie. Las conversaciones que los jueces instructores militares mantenían con algunos testigos tenían carácter secreto, y eran éstos los que estaban bajo obligación de mantener reserva sobre esas entrevistas; pero sólo por ese motivo, porque eran secreto militar, por ley, no por ninguna inverosímil conspiración típica de algún alucinógeno guión de Expedientes X. Cualquiera podía comentar libremente su observación; otra cosa es que ésta tuviese algún valor científico, que suele ser nulo en estos casos. El motivo por el que fue declarado materia reservada el tema de los ovnis en 1979 es una mala experiencia del Ejército con el novelista Juan José Benítez, que divulgó algunos informes secretos que le fueron facilitados en 1976 y le faltó tiempo para publicarlos en forma de libro.

El interés del Ejército del Aire por esta materia se debió únicamente a la alarma social que provocaban los medios de comunicación, por la posibilidad de que, en algunos casos, se tratase de observaciones de aeronaves de otros países violando el espacio aéreo nacional.

El juez instructor del caso 22/6/76 (impropiamente llamado "caso Gáldar"), comandante Munaiz Ferro-Sastre, se limitó a aplicar sus conocimientos a la hora de evaluar este caso, que no eran suficientes para darse cuenta de que se trató de los efectos en la alta atmósfera de un lanzamiento balístico, como ya había ocurrido con anterioridad en Canarias y en otras muchas partes del mundo (y siguió ocurriendo y sigue ocurriendo en la actualidad). Evidentemente, no otorgó credibilidad al testimonio más famoso (el del médico de Guía, F. J. Padrón, que se encontraba en un barrio de Gáldar) porque era el más aberrante de todos, el más fantasioso e increíble. Nadie declaró haber visto lo que este médico aseguró ver, ni siquiera quienes lo acompañaban aquella noche en taxi; ni siquiera los miles de testigos de toda Canarias que observaron el fenómeno, que nada tenía que ver con sus palabras. Sin embargo, los fabricantes de misterios convirtieron a esta persona en "testigo principal", de forma interesada y sensacionalista.

La observación del general jefe de la Zona Aérea de Canarias sobre que se trató de un fenómeno no identificado no significa nada. Se trata de una opinión personal, y además errónea. Curiosamente, en diciembre de ese mismo año el citado general se refería a un caso gemelo de este ocurrido en noviembre ( ver la entrada anterior en este blog) asegurando que sería conveniente que un equipo de especialistas en estos asuntos tuviese conocimiento de estos hechos que muy bien pudieran ser motivados por experiencias de determinadas potencias. El mismo comentario figura en el informe relativo al 5/3/79. Da la impresión que el general se preocupó de informarse, cosa que no ocurre con el autor del artículo, que sigue perpetuando la versión ignorante y pedestre típica de ovnilandia.

Lo ocurrido aquella noche fue un ovni (sea esto lo que sea) sólo para quienes torpemente siguen agarrándose a los mitos populares y chorraditas "alternativas" y a las creencias contemporáneas irracionales. Este suceso y otros del mismo tipo fueron explicados convenientemente hace años.

Es llamativa la obsesiva insistencia en los testigos y sus testimonios. Realmente no tenemos a mano "fenómenos extraños" sino testimonios o relatos de supuestos fenómenos extraños. Pero, como la psicología ha demostrado en repetidas ocasiones y cualquier persona informada sabe (excluyo a aquellos que confunden el mundo maravilloso de Alicia con la realidad), los seres humanos fantaseamos involuntariamente, somos poco fiables a la hora de poner en palabras un fenómeno que no supimos identificar; nos gusta completar con detalles inexistentes lo que, por naturaleza, somos incapaces de recordar con absoluta precisión atenida a la realidad; y nos vemos influidos por nuestras creencias, la sorpresa, los deseos y las expectativas. Cuando lean, oigan o vean a alguno de los representantes del más allá "misterioso" ténganlo presente. Será más difícil que les tomen el pelo.

Tengo mas aportes Elea y proximamente espero poder escribir más. Un saludo mi compá.
12/08/2008 03:09
Y una aún más famosa :-)

Un ejemplo podría ser el caso xvii de los Sophismata de Jean Buridan, lógico y filósofo natural, rector de la Sorbona y, al parecer, amante de la Reina en el París del s. XIV. El caso consiste en lo siguiente. Sócrates llega a un puente guardado por un poderoso caballero, Platón, y le pide autorización para cruzarlo. Platón declara: «Juro que si lo que vas a decir a continuación es verdadero, te dejaré cruzar; pero si es falso, te echaré al agua. Habla, pues». Sócrates dice: «Vale. Me echarás al agua». Si Platón le deja pasar y no le echa al agua, lo dicho por Sócrates resulta falso, así que Sócrates debería ser arrojado al agua; pero si Platón le echa al agua, lo dicho por Sócrates resulta verdadero, así que debería permitir a Sócrates pasar.

La solución de Buridan es sabia y elegante: sentencia que el juramento de Platón no le compromete a nada pues implica un compromiso imposible de cumplir. Con el tiempo, esta aporía del puente se fue haciendo más dramática mientras los jueces llamados a dirimir el asunto iban perdiendo sagacidad. Hasta que nos encontramos con el caso propuesto al flamante gobernador de la ínsula Barataria en el cap. LI de la segunda parte del Quijote, historia digna de leer. De ahí ha pasado al canon de las paradojas universal.
12/08/2008 03:07
Elea acá te dejo otra paradoja famosa :-)

De la paradoja [antinomia] semántica del mentiroso conocemos una versión antigua bajo el nombre de Epiménides, un cretense. En él pensaba Pablo de Tarso cuando escribía a propósito de los cretenses: «Bien dijo uno de ellos, su propio profeta: “Los cretenses, siempre embusteros, malas bestias y glotones”. Verdadero es tal testimonio» (Epist. a Tito, 1,12). Pablo, mejor apóstol que lógico, no cayó en la cuenta de lo enrevesado de tal testimonio: si verdadero, falso; si falso, verdadero. Una versión aún más antigua y directa se atribuye al dialéctico Eubúlides, discípulo de Euclides de Megara en el s. IV a.n.e. Reza: «El hombre que dice: “lo que estoy diciendo es falso”, al decir esto ¿miente o dice la verdad?».
12/08/2008 03:02

La autorreflexividad y la huelga de los acontecimientos

Del mismo modo como con la autorreflexividad, en las estructuras recursivas y los dispositivos circulares, propios de ciertas películas de cine experimental, se produce un juego de espejos en que una obra se da al interior de otra obra, sin un centro (eje) primario de organización. Asimismo, en la novela postmoderna se da el fenómeno de la novela dentro de la novela, donde ésta se convierte en ensayo sobre la novela o, más exactamente, en un ensayo sobre cómo dejar de escribir novelas. Novelas sin relatos, ni progresión lineal, llena –o más bien vacía– de tiempos muertos y de personajes que deambulan sin que algo particularmente interesante pareciera necesitar acontecerles, situación que conduce al lector no avisado a una cierta perplejidad y desazón.
Tal huelga de acontecimientos[2] –o desdramatización de la realidad– proviene tanto del desmantelamiento de la teoría del conflicto central, como del tratamiento recursivo de la cuestión de la decisión en la postmodernidad, en lo cual cabe reconocer una deuda fundamental con las ideas de Schopenhauer, quien, al igual que Nietzsche, constituye un antecedente temprano y fundamental de la posmodernidad.


Ahora bien, son, precisamente, los problemas que tocan a la elección y a la decisión los que preceden a las confrontaciones articuladas a partir del conflicto central. De modo que deconstruir la teoría del conflicto central supone, previamente, haberse hecho cargo de la cuestión de la decisión.
Comencemos por preguntarnos si acaso es concebible una historia sin centro ni punto de decisión.

Veamos el problema de la elección. En la elección se trata de escoger o decidir ante una o más alternativas, pero no es acaso posible una historia que no comporte ninguna elección y, con ello, no sólo el rechazo a elegir, lo que constituiría ya una elección, sino la total indiferencia o abstinencia volitiva.[3]


Una curiosa variación musulmana del tema de la alternativa, planteado ya por Schopenhauer en su Opúsculo sobre la libertad[4], puede ser expuesta del siguiente modo. A fin de escoger, requiero primero escoger-escoger. Y a fin de escoger-escoger, debo escoger-escoger-escoger. Cuando hay alternativa, puedo pretender hacer de ella una especie de pozo sin fondo o, como lo llamaría Schopenhauer, un argumento de la razón perezosa. Otro problema, algo más práctico, consiste en saber cuántas opciones necesitamos para elegir. Aceptemos que necesitamos dos, y supongamos que en nuestra historia, al final de cada episodio, hay una alternativa entre dos opciones, y que cada elección sea una nueva, independiente de toda estrategia global; ahora bien, ¿qué decir de una historia que no comportara ninguna elección y no solamente el rechazo de elegir? (como Hamlet ante el dilema de vengar a su padre y hacer a su madre desgraciada). Al respecto cabe también hacer mención de otro tipo particular de historias, a saber, las historias sin elección o, al menos, con elección incierta. Como Bartleby, el héroe de la novela[5] homónima de Melville. Su leitmotiv, “preferiría no hacerlo…”, fue el slogan de toda una generación.


En este bestiario de no decisiones no es posible dejar de incluir a una facción muy particular. Se trata de los politólogos rusos y norteamericanos que desarrollan una teoría abstencionista, la “Teoría de la resolución de conflictos”. En esta teoría la intervención se produce antes del conflicto, a fin de neutralizarlo. El método aplicado toma la forma de varios “conflictos de distracción” que tienen por tarea disolver y hacer olvidar el conflicto principal.

En una próxima entrega completaré esta antología abstencionista, objeto por supuesto de controversias, las que, sin embargo, creo fructíferas para la compresión de ciertos dispositivos retóricos de la Posmodernidad, cabe al menos anticipar que aludiré a una particular disciplina, la “etno-metodología”, para lo cual pondré en operación una serie de razonamientos y operaciones lógicas. Allí también tendrá lugar una referencia a la teoría de los juegos y al arte combinatorio.
12/08/2008 03:00
Paradojas Autorreferenciales o Argumentos Recursivos


En términos lógicos, las expresiones autorreferentes, arquitectónicamente circulares, suponen una paradoja en cuyo movimiento de pliegue y repliegue comparece el infinito. Una de las más conocidas es la paradoja de Epiménides el cretense, de la que presento la siguiente variante: “La afirmación que sigue es falsa. La afirmación que antecede es verdadera.” Como en todas las paradojas del tipo “todos los cretenses son mentirosos”, se genera un movimiento donde la comprensión que tiene la mente de la verdad y la falsedad se pliega y se repliega. La doble conclusión de una argumentación paradójica son espejos recíprocos, en el sentido que un lado es el reflejo invertido del otro, donde lenguaje y metalenguaje se confunden formando un moviendo iterativo.
Igualmente célebre es la paradoja formulada por Russell en la teoría de conjuntos: “¿se contiene a sí mismo o no el conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos?”. Russell, en rigor, plantea “consideremos el conjunto de todos los conjuntos que no son un elemento de sí mismos”. Preguntemos entonces: “¿Es este conjunto elemento de sí mismo?”. Si fuera elemento de sí mismo, no lo sería, y así recíprocamente.
Pareciera que la cuestión es que no hay solución posible, cuando en realidad se trata del develamiento del caos que amenaza –desde dentro– a nuestra razón, con la velada acechanza de la inconsistencia, con los espejismos de la recursividad. Con el reingreso constante de la paradoja en sí misma, en un proceso circular que da cuenta del lenguaje como un dispositivo superlativamente autorreferencial.


La paradoja no es pues un argumento a dilucidar o un problema a esclarecer, sino una perplejidad que incomoda a la lógica y a la ciencia occidental, las que, como he señalado, están tiranizadas por el principio de no contradicción y de identidad vigentes desde Aristóteles. Por ello es que la emancipación de la racionalidad propia de la postmodernidad tiene lugar a partir del desarrollo de las teorías del caos y de los Sistemas Complejos [lógicas polivalentes, de la vaguedad o paraconsistentes]

Pensemos en el extraño estado mental –la perplejidad intelectual– inducida por las paradojas autorreferenciales. Volvamos al viejo y célebre argumento en que un hombre de Creta –Epiménides– advierte a un viajero: “todos los cretenses mienten siempre”. ¿Miente este cretense? En tal caso, su afirmación es falsa y no todos los cretenses son mentirosos. Pero si dice la verdad, el también tiene que ser un mentiroso. La verdad y la mentira giran una alrededor de la otra creando caos y orden en el cerebro. Se puede presentar a la conciencia una paradoja similar mediante un papel que contenga en ambos lados el mensaje: “La afirmación del dorso es falso”.


Si presentamos un enunciado como éste a un ordenador, la desconcertada máquina vacila entre “verdadero” y no “verdadero”. En un filme de ciencia ficción el capitán de la nave utilizaba paradojas como: “Demuestre que su directiva principal no es su directiva principal”, para quemar los semiconductores de ordenadores rebeldes[1]. Para un ordenador, las paradojas autorreferenciales conducen al caos. Se dice que para los seres humanos tienen el efecto contrario, pues conducen a la intuición creativa e incluso a la iluminación. En sistemas místicos como el budismo Zen, los koans –paradojas que propician la iluminación– hacen oscilar de tal modo la mente del discípulo que crean las condiciones para que éste se libere y llegue a un nuevo punto de vista, o a un punto sin vista.

La autorreferencia también se manifiesta en los sistemas biológicos, donde el resultado puede evocar al Zen. Mientras los ordenadores oscilan de modo suicida cuando quedan atrapados en una paradoja autorreferencial, los sistemas biológicos emplean la autorreferencia para la estabilidad e incluso pueden utilizarla para catapultarse hacia formas más elevadas.
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