Ladrona, es como dice correcaballos los homosexuales no son antinatural, son personas y como personas son natural, la práctica es lo que no entra entre lo natural, no podemos confundir lo que nos genera placer sea natural, ya que las practicas realizadas por mero placer no modifica nada. Son muchas las practicas que tenemos para llegar al placer. Y creo yo o por lo menos yo. Trato de disfrutar de su gran mayoría, y no solo por mí propio placer sino también para que mi esposa disfrute a plenitud y te puedo asegurar que el brindar placer a la otra persona también te genera placer a vos.
La diferencia esta a que las prácticas homosexuales se abocan únicamente al placer y se pierde lo importante. Toda forma de vida. Tiene que reunir estas condiciones. Nacer, vivir, reproducirse. Y allí decimos que es natural que un ser vivo cumpla con estos requisitos, pero ahora si el sexo lo empleamos únicamente para el placer deja de ser un acto de vida natural para ser únicamente placentero. Y allí está el cuestionamiento entre las practicas homosexuales.
No pudo dejar de reconocer que con personas que argumentan como lo hace ladrona y herenio yo sigo y sigo aprendiendo. Antes de seguir este debate quiero dejar en claro que amigos míos no estoy descalificando a nadie, ni mucho menos juzgando. Realmente me da gusto que se puedan discutir estos temas sin llegar a la agresión. Lo que significa de alguna manera puedo demostrar mi punto que siempre sostuve, si se puede hablar de estos temas y de religión, política y futbol sin llegar a la agresión.
No sé si les pasa a ustedes pero a mí me pasa amenudo, cuando leo un comentario que está en contra del mío, y lo leo en un estado de ánimo de enojo o de mal humor. Ese comentario pareciera que fuera dirigido de ese modo. Y cuando leo ese mismo comentario o cuando suele leerlo mi esposa con tonos pausados y calmos, este mismo comentario no parece para nada agresivo. Buen nada eso pasa y quería compartirlo, jajaja.
Bien continuando con el debate. Hoy me encuentro acompañado por correcaballos o correcaballos se encuentra con mi compañía en esta discusión sana por cierto. Como en algún momento nos encontramos con bobito25. Existe una diferencia entre creyentes o entendimientos de los creyentes con los entendimientos de ustedes.
Nosotros no nos conocemos tanto como si aparentemente se conocen ustedes y que se apoyan de una forma muy leal en sus comentarios. Nosotros diferimos en ciertas opiniones aunque en lo fundamental basados en nuestro conocimiento y nuestra fe que es lo fundamental estamos en gran medida de acuerdo. Pero no en todo. Lo que no pueden atribuir a correcaballos mis comentarios porque difieren por lo antes mencionado. Yo soy uno de los que más marca lo natural de lo no natural, argumentos que incluso bobito25 trato de hacerme ver la diferencia y lo mal que lo empleo, cosas que como buen viejo testarudo me resisto de alguna manera a entender. Pero como le dije a bobito25 paciencia ya lograre entenderlo.
Pero defender su postura con este punto esta un poco flojito pero para no hacerlo tan largo tratare de demostrarlo en otro comentario.
Usted no es normal. Si está leyendo estas páginas, seguramente pertenece a la minoría de la humanidad que tiene un empleo estable, adecuado acceso a la Seguridad Social y que además disfruta de una considerable libertad política. Además, a diferencia de otros 860 millones de personas, usted sabe leer. Y gasta más de dos euros al día. El porcentaje de la población mundial que combina todos estos atributos es menos del 4%.
La Organización Internacional del Trabajo calcula que un tercio de la población activa está desempleada o subempleada, y la mitad de la población mundial no tiene acceso a seguridad social de ninguna clase. Freedom House, una organización que estudia los sistemas políticos de los países, clasifica a 103 de las 192 naciones del mundo como "no libres" o "parcialmente libres", lo cual significa que las libertades civiles y los derechos políticos básicos de sus ciudadanos son nulos o muy reducidos. Más de 3.600 millones de personas, o un 56% de la población mundial, viven en esos países. Según el Banco Mundial, aproximadamente la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros al día.
Así, estadísticamente, hoy en día un ser humano "normal" es muy pobre; vive en condiciones físicas, económicas y políticas opresivas, y está regido por un gobierno incapaz y corrupto. Pero la normalidad no sólo se define mediante estadísticas. Normal quiere decir algo que es "habitual, típico o esperado". Por tanto, lo normal no es sólo lo que es estadísticamente más frecuente, sino también lo que otros suponen que lo es. En ese sentido, las expectativas de una pequeña pero influyente minoría distorsionan la realidad de la vasta mayoría. Existe una enorme diferencia entre lo que el ciudadano medio de las democracias occidentales avanzadas -y las élites más ricas en todas partes- suponen que es o debería ser normal, y las realidades diarias que confronta la abrumadora mayoría de la gente. La información sobre las nefastas condiciones habituales en los países pobres es bien conocida y ampliamente debatida. Sorprendentemente, sin embargo, las expectativas sobre lo que significa ser normal en el mundo actual suelen reflejar la anormal realidad de unos pocos países ricos y no la norma global. Suponemos que es normal comer tres o cuatro veces diarias; caminar por la calle sin miedo, y tener acceso al agua, la electricidad, el teléfono y el transporte público. O que durante el día los niños van a la escuela. Lamentablemente, nada de esto es lo más común. Hoy en día, 852 millones de personas, incluidos muchos niños y ancianos, no comen tres veces al día, y cuando lo hacen, esa comida no les proporciona el consumo calórico diario necesario para una persona normal. Aproximadamente, 1.600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad, y 2.400 millones recurren a combustibles tradicionales como la madera y el estiércol para la cocina y la calefacción. Un 30% de la población mundial jamás ha hecho una llamada telefónica. La delincuencia callejera y la violencia urbana son normales en gran parte del mundo. El índice medio de homicidios en Latinoamérica es de aproximadamente 25 por cada 100.000 habitantes, y en el África subsahariana, de unos 18 asesinatos por cada 100.000 habitantes. (En la Unión Europea se producen sólo tres homicidios por cada 100.000 habitantes). Se calcula que unos 246 millones de niños, aproximadamente uno de cada seis, trabajan, y de ellos, 73 millones tienen menos de 10 años. Mientras que un nacimiento generalmente es un momento de alegría y celebración en los países de mayores ingresos elevados, en el resto del mundo es una amenaza de muerte, enfermedades y discapacidades. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren más de medio millón de mujeres debido a complicaciones derivadas del embarazo en los países en desarrollo, donde el riesgo de mortalidad materna es de una de cada 61. En los países ricos, el riesgo de mortalidad materna es de una entre 2.800.
Esta percepción distorsionada de lo que es normal puede adoptar formas más sutiles. Un buen ejemplo son las suposiciones que hacemos sobre la calidad de las noticias que recibimos. Lo normal es suponer que las noticias están exentas de injerencias gubernamentales. Pero en gran parte del mundo, ése no es el caso. Un sondeo del Banco Mundial sobre la propiedad de los medios de comunicación descubrió que en 97 países, un 72% de las cinco emisoras más importantes y un 60% de las cinco empresas de televisión más vistas son propiedad del Estado. El estudio también encontró pruebas estadísticas fehacientes de que los países con un mayor control estatal de los medios disfrutan de menos derechos políticos, así como de una calidad muy pobre de servicios educativos y sanitarios.
Las suposiciones del mundo rico sobre lo que constituye la norma global pueden resultar en costosos errores. Se han derrochado miles de millones de euros porque se da por hecho que los gobiernos de los países más pobres son en diseño y normas más o menos similares a los de las naciones ricas, sólo que un poco menos eficaces. A pesar de los constantes recordatorios de que la mayoría de los gobiernos del mundo son incapaces de realizar tareas relativamente sencillas, como entregar el correo o recoger la basura, la mayoría de las fórmulas que se proponen sobre cómo deberían solventar sus problemas dichos países suponen la existencia de capacidades inexistentes en la gran mayoría del sector público del mundo.
Esto en parte sucede porque queremos que la gente tenga una vida mejor, y es natural que usemos nuestra definición de normalidad como guía para ayudar a los demás. Lo que impulsa el desfase entre lo que suponemos que es normal y la realidad a la que se enfrentan miles de millones de personas no es sólo la tendencia provinciana a imponer nuestra experiencia a los demás, sino también una manifestación sincera de nuestros valores. Esto no quiere decir que estos juicios de valor acerca de cómo deben ser las cosas deben abandonarse; de hecho, son estos valores los que señalan la dirección en la que se encuentra el progreso. Pero una cosa es tenerlos como metas y otra muy distinta -y peligrosa- es suponer que nuestros ideales son parte de la realidad. Es fácil equivocarse diseñando una política educativa "normal" para un país donde es común que los niños lleguen a la escuela sin haber comido o donde las niñas arriesgan su seguridad física cada vez que salen de su casa. La política de impuestos o de normas laborales en países donde el trabajo informal y las transacciones ilícitas son lo normal tampoco responde bien a los conceptos tradicionales.
Muchas decisiones de política pública han sido erradas porque han confundido ideales con realidades. En tiempos como éstos, en los cuales los valores se han vuelto tan habituales en la retórica política, es importante estar muy alerta a la posibilidad de que nuestras opiniones, planes y decisiones se cimienten en falsas suposiciones sobre lo que es normal. Cuando eso ocurre, los valores conducen a malas decisiones, y no a una mayor claridad moral.
Esto amigo es comunicación jjaja, lejos de estar dentro de las idioteces por lo menos para mi,
En cuanto al homosexualismo es solo una condición o preferencia sexual, esto no los hace ni mejor ni peor personas que nadie.
Los hay buenos y malos de ambos lados. En cuanto a tu carta que expones de un niño de 16 años es solo una carta y hay que ver cuánto de ello no fue inducido o asesorado me cuesta creer que se dirija un joven de 16 años con ese grado de informalismo. En las escuelas ya a esa edad te enseñan cómo dirigirse a funcionarios.
Pero no deja de ser una verdad el homosexualismo no se contagia. Pero si se puede inducir y esto lo puede realizar un homosexual como también un heterosexual. El abuso de menores existe y no hay que desconocerlo En cuanto a la crianza y adopción de niños hay quienes aprueban si los interesados reúnen los requisitos, ellos sabrán el porque se les da o no en adopción.
Hola herenio, tanto tiempo.
Amigo nuevamente jugando con las palabras de lo que se considera natural y no natural. Y ahora con correcaballos, Aquí tendrás que diferenciar en la utilización de la palabra y en el contexto en que se emplea.
Si te refieres a lo formal, diríamos que lo natural es todo lo que implica referente a la naturaleza. Y como alguien comento todavía no se puede definir cuáles son las naturalezas humanas quedaría solo por lo que cada uno puede ver como algo natural o no natural. Y el homosexualismo no escapa de ello.
De allí que podríamos entonces utilizar la palabra natural en sentido coloquial, donde se la encasillaría en lo habitual, y la homosexualidad por ser minoría, entraría en actos no habituales por lo tanto no natural.
Y por ultimo amigo herenio en lo formal diríamos que el homosexualismo no es natural. Ya que las relaciones sexuales entre un mismo sexo no cumple con el requisito que la naturaleza implica que es la reproducción de la especie, para que esta sobreviva, de allí mientras no puedan procrear estas relaciones serian consideradas no naturales.
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