01/08/2012 22:07
| mar brisa y soledad
un día
una fecha.
Acaso, cuando llueva, recordarás
un día
MAR BRISA Y SOLEDAD
Aquí, frente al mar, sentada sobre la arena
miro la majestuosidad de la bella luna llenaen que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques
aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de
encaje.
mi ser y corazón, envuelto en la melancolía
cuando entre besos, que me amaba él decía.
Y se agitan en mi alma rescoldos de agonía
porque como a un Dios en mi alma le tenía,
era mi amor, tan grandioso y tan profundo
¡ No existía mujer más feliz en este mundo !
El rumor de las olas, mi llanto va acunando
me llega el recuerdo ¡ Cuánto le fuí amando !
Y hoy, que la soledad me abriga este sentirO harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás
tu sonrisa. anhelo con ansias este amor volver a vivir.
Se saturan mis ojos, de lo inmenso del mar
¡ Es tan triste saber, que no me supo amar !
Y se llenan mis ojos, de triste desconsuelo,
¡ Entre llanto y dolor elevo mi mirada al cielo !
Envuelta en la calidez que me da su recuerdo
para no volver a llorar los labios me muerdo,
las blancas olas se van deslizando en mi piel,
sonrío y pienso ¡ Dios, como le era yo tan fiel !
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras f
platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas...
Hoy, no está conmigo, tiro al viento su amor
me lleno de la brisa ¡ Quiero olvidar el dolor !
Pero es tanto... tanto lo que le voy amando
¡ Que trozos de mí, por su amor voy dejando !
¡ Aquí, sentada frente al mar, llora mi alma,
porque con su proceder para siempre , me hizo perder la calma !y así, años y años, hasta que,
finalmente,
te morirás un día, como toda
la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques
aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de
encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás
tu sonrisa.
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras fregar los platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas...
y así, años y años, hasta que,
finalmente,
te morirás un día, como toda
la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
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